Dreamland

Espacio donde gracias a la todapoderosa web me da la oportunidad y posibilidad de compartir con todos aquellos que lleguen a caer en este blog por azares del destino, escritos, fotos, videos y algunas otras cosas que he realizado sólo o en conjunto con otros cuates. Espero que les guste. Saludos

Hasta que la vida nos separe...

Hasta que la vida nos separe...
Todos los días son día de muertos

4 de abril de 2016

Cometa

Las vacaciones de verano eran simplemente maravillosas para Genaro, las mañanas y tardes eran perfectas para jugar, las calles de tierra eran tomadas por decenas de niños y niñas que no paraban de jugar, los pocos conductores que circulaban por la zona eran cuidadosos, más que de no atropellar un niño, a no descomponer la suspensión del auto por las terribles condiciones del camino, las madres salían a asomarse ocasionalmente para ver cómo estaban sus retoños, sabedoras de que los niños solían tener riñas constantes, ya sea por haber perdido un juego de canicas o por quedar en último lugar en las “metitas”, afortunadamente para ellas las vacaciones de verano estaban por concluir, el regreso a clases y las tareas eran como un suspiro; a Genaro poco le importaba si se iban a acabar las vacaciones ya que la temporada de uno de los eventos más impactantes del año se encontraba en su apogeo, el constante aire que soplaba y llenaba la ciudad de murmullos, era el elemento perfecto para poder volar un papalote, todo le fascinaba de esos maravillosos juguetes, desde su meticulosa elaboración hasta su enervante forma de conquistar el cielo; Genaro tenía un amigo llamado Sebastián que vivía a tres casa de la suya, él sabía hacer papalotes y lo enseñaba todas las mañanas y tardes sobre cómo hacerlos, ambos trabajaban en el diseño de lo que iba a ser el cometa más temido del barrio, competirían en uno de los espacios aéreos más gandallas de Xalapa, la Colonia Aguacatal, figuras de la talla de “El Nazi”, un gigantón de 28 años que vivía tres cuadras arriba, muy cerca de las faldas del cerro de Macuitepetl, este bravucón era una especie de Baron Rojo en el barrio, “despachador” y “jalador”, las dos únicas formas de ganar un duelo en el aire, Genaro imaginaba estas batallas como dos dragones peleando encarnizadamente para ganar ese espacio aéreo guiados por un hilo desde la azotea de una casa; la lista de contendientes era extensa, sin embargo, esto no los asustaba, sabían que podían liar con esas amenazas y muchas más, les preocupaba más cómo iba a quedar el diseño de su obra de arte, la cara de Karmatrón había sido la elegida para debutar en el aire, nadie había pensado en elaborar un papalote con la imagen del kundalini mexicano ese final de verano de 1987. Cuando quedo listo el maravilloso rostro plasmado en papel china, Genaro y Sebastián se detuvieron un rato a admirarlo, no dijeron una sola palabra, los tenía impresionados, el recuerdo de su creación perduraría en la memoria de ambos niños durante toda su vida; decidieron elaborar una “cola” que estuviera a la altura del magno evento, colocando tres navajas en fila para enfrentarse con quien se pusiera enfrente, querían volarlo al día siguiente, las clases estaban a la vuelta de la esquina y sabían que ya no tendrían tiempo para elaborar un papalote como ese, aparte tenían un hambre voraz por surcar el horizonte, todo parecía estar dispuesto, se despidieron esperando poder conciliar el sueño en lo que se veía venir como una muy larga noche.
Genaro despertó cerca de las 10 de la mañana, se puso rápidamente su pantalón y salió corriendo de su cuarto, subió a la azotea de su casa y saltó la de dos vecinos hasta llegar a la de Sebastián, que ya lo esperaba con el papalote en la mano, en el suelo había un “canuto de hilo del cero”, con este sujetaron el papalote, la “zumbadora” dejo escuchar un rugido con una ráfaga de aire que cruzo hacia el horizonte, Genaro imaginó el papalote sufriendo una transformación en el aire, adquiriendo un tamaño descomunal, devorando todos los papalotes e incluso comiéndose al temido “Nazi”; todo estaba listo, Genaro tomó el papalote y cruzo las azoteas hasta llegar a la de su casa, puso el papalote de frente al viento, Sebastián se encontraba al lado opuesto, en su azotea listo para jalar con fuerza el hilo al primer ventarrón que sintiera, el momento no se hizo esperar, un gélido pero intenso aire los tocó dando la señal a ambos del momento del despegue, el cual fue todo un éxito, Genaro miró atónito durante un largo rato como el rostro de Karmatrón se suspendía en el aire, las nubes del fondo servían como un marco ideal para esa estupenda obra de arte, a lo lejos se asomó el papalote de “El Nazi”, una suástica negra sobre un intenso rojo de fondo apareció en el firmamento, un escalofrío recorrió a Genaro quien sabía que el momento de la verdad había llegado, Sebastián le entregó el papalote a sabiendas de que su amigo era más diestro en el arte del forcejeo aéreo. Genaro “llamó” el papalote, quería colocarse detrás del que piloteaba “El Nazi”, quería aprovechar el momento, la suástica flotaba de forma estable, no se le veía coleando amenazante buscando “despachar” o “enredarse” con quien se cruce en su camino, cuando estuvo justo encima Genaro dejo ir el hilo dejando caer el papalote encima del otro, todo parecía perfecto estaban a un metro de despachar al más grueso de la “Guaca” pero la cola de otro papalote apareció enfrente de sus ojos, a escasos metros de ellos, justo arriba del hilo que conducía a Karmatrón, sus caras se transformaron, Genaro sacudió la mano con violencia intentando esquivar la arremetida del nuevo rival, todos sus esfuerzos fueron en vano, la navaja corto el hilo y el papalote se desprendió alejándose de ellos, siguieron su trayectoria hasta atorarse en medio de las ramas de un árbol, ambos soltaron un gemido, se tiraron de rodillas sobre el suelo y se miraron furiosos, no dijeron nada durante un rato, habían sido “despchados” por el nuevo niño de la calle, Abel se llamaba y, a pesar del gran enojo que le tuvieron en ese momento, comenzaron a llevarse con él, al grado de que al siguiente año, los tres construirían a “Ultraman”, el papalote cósmico, como le decían.

Nadie supo a ciencia cierta que paso con Karmatrón, había muchos rumores, algunos dijeron que nadie pudo bajarlo y que llego un momento en que el árbol lo absorbió, otros decían que “El Nazi” lo había rescatado y lo tenía colgado en la sala de su casa, algunos llegaron a comentar que un loco que escapó del psiquiátrico que se encontraba en la entrada al cerro, lo tenía en su poder y que todos los días se dibujaba volándolo en distintas ciudades del mundo, había historias más disparatadas como la de un duende que habitaba en el cerro lo tenía en su poder y lo volaba todas las noches, pero ninguna era consistente, la realidad era que nadie tenía la más mínima idea de donde estaba, pero algo fue muy cierto, su legado en el barrio aún se escucha cuando el aire resopla recorriendo todas las casas del barrio, ahora ya no hay niños en las azoteas, pero si se pone atención, se puede ver, de vez en cuando, las grandes batallas que libraron todos los papaloteros del barrio, los papaloteros de la Aguacatal.