Dreamland

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Hasta que la vida nos separe...

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Todos los días son día de muertos

1 de octubre de 2019

Ad Astra: el viaje al espacio entre padre e hijo.


El espacio, los planetas y las estrellas siempre han sido objeto de fascinación y atracción para el hombre, se ha estudiado su concepción, su tamaño, sus componentes, etc., se han lanzado cohetes con satélites para su exploración, naves tripuladas por astronautas de diversas nacionalidades han permanecido largas jornadas de tiempo orbitando la tierra en la Estación Espacial Internacional; muchas películas han abordado este tema, desde la legendaria y maravillosa “2001: Odisea en el espacio” de Stanley Kubrick hasta la estresante y claustrofóbica “Gravedad” de Alfonso Cuarón, así como muchas otras que por falta de espacio es imposible mencionar. La nueva cinta protagonizada por Brad Pitt “Ad Astra: hacia las estrellas” dirigida James Gray, cae en esta categoría de películas donde la exploración espacial da pie a una dramática historia que contar.  
La cinta nos narra la historia de Roy McBride, un comprometido astronauta estadounidense dispuesto a darlo todo con tal de cumplir las exigencias de su demandante trabajo, incluso cuando es puesto sobre aviso de la posible aparición de su padre, quien años antes se había embarcado en una misión espacial en los limites del sistema solar con el fin de buscar vida extraterrestre mas allá de nuestros confines planetarios, McBride es requerido para ayudar a hacer contacto con la nave de su padre Clifford McBride (interpretado por Tommy Lee Jones), a quien ya daba por muerto, ya que de ella están emanando peligrosas ondas electromagnéticas que ponen en peligro la estabilidad energética de todo el sistema solar, creando apagones y explosiones en la tierra. Sorprendido por la noticia, el imperturbable McBride acepta viajar a Marte para desde ahí intentar hacer contacto, es en este momento donde comienza la película y la odisea del protagonista. La película si bien es cierto no es mala, transcurre de forma lenta, sino es por ciertas secuencias vertiginosas que parecen sacadas de la manga, la película bien podría se cortada por mitad y seguiría contando lo mismo, las escenas de acción cumplen un papel meramente decorativo ya que en nada influyen en lo importante del film, que es la psique del protagonista y su conflicto principal: la relación con su padre. Si bien es cierto que muchas de estas escenas causan un impacto natural en McBride, no se siente que pesen en sus emociones, su viaje, a pesar de estar lleno de amenazas, lo realizar sin menor contratiempo físico, su estado mental conforme se aproxima al planeta rojo intensifica las emociones contenidas, el abandono de su padre a temprana edad comienza a cobrar un nuevo sentido, como si conforme más se aleja de la tierra más puede adentrarse en sí mismo para descubrir todo aquello que no lo dejaba ser, el viaje a la penumbra, al vacío, a la incertidumbre, la lejanía de lo terrenal para acercarse a lo emocional. La historia como tal parecía dar para más, pero es en la resolución donde comienza a desbaratarse la idea que se había construido en torno al personaje principal, las salidas fáciles, las situaciones comunes, todo el largo camino recorrido por McBride se ve menoscabado por la cantada solución a su conflicto, no se diga del aspecto fantástico de cómo sale ileso de un lugar que es todo menos predecible.
En el aspecto técnico la película cumple bien con lo que se propone sin arriesgarse demasiado como en su momento lo hizo “Gravedad” con sus claustrofóbicas tomas en el interior del traje espacial, o los vacíos de sonido en “2001: odisea en el espacio”, por mencionar las dos películas a las que hice referencia al inicio de esta reseña; la cinta se aparta de proponer y se limita a contar, las actuaciones son buenas sin llegar a ser sobresalientes, Brad Pitt no se ve exigido con este papel, el héroe norteamericano se ve bien representado, un hombre capaz de sacrificar todo por su país, alguien que no tiene mayores motivaciones que hacer bien su trabajo y alejarse lo más posible del contacto personal. Por otro lado la música se me hizo similar a otras películas, sobre todo en los momentos más álgidos del film como las secuencias de acción o la parte climática del tercer acto, los efectos sonoros son buenos sin que lleguen a tener mayor relevancia; la fotografía de Hoyte Van Hoytema, quien ya había tenido un acercamiento a este tipo de películas haciendo lo mismo con “Interestelar” de Christopher Nolan, cumple con su papel, sin embargo, no es la foto lo que falla en esta cinta, incluso la música que pareciera ser copiada de otras, sino la forma en la que es narrada, creo que si alguien llegara durante la media hora final del film podría entender de que trata sin perderse mayor cosa de lo que la cinta quiere contar.
La ciencia ficción es un género recurrente en el cine mundial, muchas películas buscan generar expectativas y dar respuesta a lo que hay más allá de nuestro sistema solar, algunas lo han hecho de buena manera y otras no han corrido con la misma con la suerte, “Ad Astra: hacia las estrellas” busca explorar más el espacio que hay en una relación padre e hijo, enmarcada en un viaje interplanetario, en la que el protagonista va descubriendo cosas más sobre si mismo y su naturaleza, su perpetua caída motivada por un sentido patriótico y de deber se cuenta bien, y se vuelve parte del oscuro fondo espacial, sin embargo, su resurgimiento llega tarde en la cinta, y se siente forzado el momento en que se intenta hacer el viraje, para cuando uno se adentra en el negrura del espacio profundo, lo hace también uno en la psique de McBride,  el viaje a Neptuno no acaba en lo esperado,  la nada también debería ser protagonista de este tipo de historias, la dureza del protagonista se ve blandecida por situaciones recurrentes del cine hollywodense, donde todos sus protagonistas tienen derecho a la redención, donde todo el pasado tiene solución, donde en los confines mas lejanos del espacio se encuentra la motivación, porque si algo nos ha enseñado el cine, es a esperar lo mejor.