Dreamland

Espacio donde gracias a la todapoderosa web me da la oportunidad y posibilidad de compartir con todos aquellos que lleguen a caer en este blog por azares del destino, escritos, fotos, videos y algunas otras cosas que he realizado sólo o en conjunto con otros cuates. Espero que les guste. Saludos

Hasta que la vida nos separe...

Hasta que la vida nos separe...
Todos los días son día de muertos

24 de febrero de 2021

Possesor



El control mental es una idea que muchos teóricos de la conspiración mencionan como si esto ya fuera posible, o esta en etapas tempranas de desarrollo, con la CIA y su proyecto MK Ultra como una de las más recurrentes ideas en dichas posturas; el cine también ha teorizado y ahondado sobre este controvertido tema, “El origen” (2010) de Christopher Nola o, “Ex Machina” (2014) de Alex Garland son dos ejemplos modernos y que, cada uno a su manera, lo explora de distintas formas y con diferentes discursos, por un lado nos embarcamos en el mundo de lo onírico con Nolan, y por el otro explorando el avance tecnológico de una IA sumamente manipuladora y peligrosa. Brandon Cronnenberg, hijo del aclamado y polémico director canadiense David Cronenberg, explora el concepto del asesino desalmado a través del control mental, así como el vacío emocional que implica la decisión de quitar la vida a una persona.

“Possesor” se estrenó el 4 de octubre de 2020 en los Estados Unidos, pero no fue sino hasta los primeros días de febrero de este 2021 que se estrenó en México derivado de los retrasos que el COVID 19 trajo a la industria cinematográfica mundial; la cinta nos sitúa en un futuro en el que el control mental ya es posible, una organización secreta selecciona objetivos de personajes importantes que deben ser ejecutados, por motivos empresariales o políticos, cual sea la justificación el sujeto debe ser eliminado a toda costa; esto lo consigue  secuestrando personas cercanas al objetivo para que después, a  través de un implante que de manera muy gráfica el director nos muestra su inserción en algún lugar de la cabeza, sea manipulado por otro sujeto que lo controla mentalmente  desde una maquina lejana que sirve para enviar las señales de un cerebro a otro. El argumento de la cinta es muy bueno, tal vez el director pudo haber profundizado más en los personajes y los conflictos que trae consigo el entrar en otra mente humana y explorar los rincones de su conciencia, hace algunas pausas para mostrarnos de forma un poco escueta dicha problemática. La película es protagonizada por Andrea Riseborough, que se le conoce por su papel de “Victoria” en la película “Oblivion” (Joseph Kosinski, 2013) protagonizada por Tom Cruise, en “Possesor” da vida a  Tasya Vos, una despiadada asesina, la cual se nos presenta en la secuencia inicial del film como una mujer ávida por matar, cumpliendo su trabajo de forma eficiente, sangrienta y violenta; y es desde esta primera escena que Cronnenberg nos muestra el tono del film, cruento y asqueroso, con secuencias no aptas para estómagos delicados, haciendo una reverencia al cine hecho por su padre, sobre todo tomando como  una lejana referencia a “eXistenZ” (David Cronenberg, 1999). Tras este violento inicio, Tasya tiene que cumplir con un protocolo para saber si después de haber manipulado la mente de otra persona, tiene algún daño mental, el cual se solventa después de mostrarle una serie de objetos que tienen relación directa con un recuerdo en la vida de nuestra protagonista, quien después de sortear dicha prueba, se dirige a su hogar, donde la esperan su esposo y su pequeño hijo; durante este breve periodo se nos muestra uno de los conflictos principales del personaje, y que la lleva a ser tan sanguinaria, la perdida de sensibilidad, los estragos que ha dejado una carrera profesional plagada de sangre e irrupciones mentales ajenas, lamentablemente, y como lo mencioné anteriormente, el director no explora esta emociones tan profundas y confusas, se limita a exponer el conflicto mediante su familia y la poca importancia de esta en su vida, un recurso recurrente en buena parte del cine, el director, en aras por hacer una cinta más corta (1 hora 43 minutos es su duración), decide darle más importancia al desarrollo del segundo acto, esto no es malo en sí, pero creo que dicho personaje pudo tener mejores matices si se hubiera explorado un poco más su perturbada personalidad, ya que la cinta nos deja entrever los estragos que esta manipulación trae consigo. En el apartado técnico la cinta cumple su cometido, teniendo en la fotografía a su mejor aliada, la película esta plagada de primerísimos planos detalle de los momentos violentos del film, y vaya que son varios, Karim Hussain nos muestra los detalles más grotescos de la violencia generada por Tasya de forma contundente, la elección de planos en dichas secuencias hacen que estas sean atroces y brutales, sumado a esto, Cronenberg se apoya de una paleta que colores que tienden al rojo en escenas y secuencias clave, como esta especie de transiciones mentales donde ambas mentes se encuentran y luchan por el control. La banda sonora pasa a segundo plano, la composición visual es la protagonista de esta historia, incluso las interpretaciones de todos los actores pasa a ser un mero elemento que justifica la imagen, Andrea Riseborough cumple en mostrarnos la frialdad de Tasya, con un papel muy semejante al interpretado por Ryan Gossling en “Dirve” (Nicolas Winiding Refn, 2011); Christopher Abott, quien interpreta a Colin Tate, es quien se lleva el peso histriónico más fuerte, ya que sobre él se debaten ambas personalidades, la suya y la de Tasya, quien lo manipula para matar a un prestigiado empresario tecnológico, sin embargo, y como se nos sugiere al inicio, Tasya no puede desconectarse de la persona que la hospeda, esto lo hace matándolo, un suicidio involuntario, y hace que permanezca en el cuerpo de forma indefinida; Tate lo hace bien, pero una vez más ese hueco en el guión es el que nos impide empatizar de manera más profunda con los personajes, nos impide verlos en la magnitud necesaria para que esta sea una película redonda.

El segundo film de Cronenberg lo sitúa como un director arriesgado, siguiendo de forma religiosa los primeros pasos de su padre, quien también caracterizó la primera etapa de su carrera en apostar por un cine alejado de lo comercial, y “Possesor” de comercial no tiene nada,  desde la elección de un reparto que ha secundado papeles protagónicos más que interpretarlos, hasta la elección del equipo técnico; Brandon apuesta por un cine en el que la plástica juega un papel fundamental, una obsesión enfermiza por lo grotesco, en el que la violencia y la sed por la sangre juega un papel determinante y fulminante, un pecado en el que caen los protagonistas, un gusto culposo que crece y transforma su esencia conforme transcurre el film, un lugar escondido en lo más profundo de la psique humana , un sitio mental colmado por el vacío, la insensibilidad, el deseo mortal, donde todo se puede sacrificar,  y teniendo en el trabajo, esa enfermiza necesidad de ver sangre y saciar el hambre de quitarle la vida a alguien más.




 

2 de febrero de 2021

Érase una vez; los cuentos nuevos, para los nuevos niños



 

Muchos de los grandes estudios en Hollywood se han dedicado a actualizar, o darles un nuevo tono, a películas basados en cuentos infantiles (cuentos de hadas), llevándolos a públicos más adultos, con historias más oscuras y siniestras, o simplemente retratándolos en live action, dejando la antigua, y ahora obsoleta, animación en base a dibujos a mano; estos mundos fantásticos han pasado de ser simples historias para niños a grandes despliegues visuales en pantalla, que a más de un adulto atrapan, tómese como ejemplos las dos cintas de Tim Burton sobre “Alicia en el país de las maravillas”, protagonizadas por un repetitivo pero efectivo Johnny Depp, así como los nuevos relanzamientos de “El rey león” en 2019 y Mulán en 2020, las 4 películas apuestas importantes del gigante del entretenimiento Disney. Hoy toca el turno de revisar una nueva película que se inscribe en estos territorios, “Érase una vez” de Brenda Chapman y que recién se estrenó el 31 de Diciembre en México.

Brenda Chapman es una artista que ha estado inmiscuida en cintas para niños toda su carrera, pasando por el departamento de animación en el que trabajo para caricaturas ochenteras como “Daniel el travieso” (1986), “Los verdaderos cazafantamas” (1988), “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” (1988) y “Pollitos en fuga” (2000). Además ha elaborado los guiones de varias películas y supervisado otros más como: “La bella y la bestia” (1991), “El jorobado de Notre Dame” (1996) y “Valiente” (2012), la cual también dirigió, así como “El príncipe de Egipto” (1998). Pues esta vez, esta prolífica mujer nos trae su más reciente cinta con la temática en la que es experta, los cuentos de hadas para el público infantil, pero esta vez grabada con actores reales, alejándose del sitio donde, tal vez, se sentía más cómoda como es la animación donde se instalan todas sus aportaciones y realizaciones. El film nos cuenta la historia de 3 niños hermanos, una niña y dos varones, los cuales tienen una relación muy especial con la imaginación desbordada como punto medular, los niños se niegan a crecer, a madurar y con esto dejar atrás todas esas emocionantes aventuras a las que su mundo imaginario les permite participar; cada niño tiene una peculiaridad que los asemeja a personajes extraídos de otros cuentos, Alice (Keira Chansa) tiene una relación con “Alicia en el país de las maravillas”, Peter (Jordan Nash) con “Peter Pan”, el otro hermano David (Reece Yates), no encontré algún rasgo que pudiera relacionarse con algún personaje, y creo que esto sirve para que el desapego funcione de una mejor forma ya que el niño sufre un accidente dentro del film, que hace que cambie el rumbo de la historia; y con esto, los hermanos que quedan se embarcan en una aventura para ayudar al padre a solventar una deuda financiera, así como saber en donde se encuentra el destino de cada uno.

La película se desarrolla muy bien durante el primer tercio de la misma, Chapman genera a través de simples pero efectivos engaños visuales, colocar una espada o un arco cuando el niño en realidad esta sosteniendo una vara de madera, pero con esta simpleza, nos muestra ese fabuloso mundo por el que pasamos alguna vez, y nos hace adentrarnos en la imaginación de los niños, sus juegos y andanzas, su negatividad a crecer; es de este último punto del que se deriva el primer conflicto menor del film, pero que encierra el sentido primordial del mismo; la abuela de los infantes, Eleanor Morrow interpretada por Anna Chancellor, orilla Rose Littleton (Angelina Jolie) la madre, a inscribir a su hijo mayor (David) en una escuela de “alta alcurnia” por lo que tendrá que dejar su casa, el padre de los niños, Jack Littleton (David Oyelowo) se niega a esto pero no puede hacer mucho ante la presencia de la abuela. Este momento supone, para el hermano menor, Peter, su partida anuncia su consecuente madurez y la perdida de la inocencia e imaginación. David no esta de acuerdo con su hermano en esto y, durante de uno de sus juegos entre ellos, cae al agua y muere. Este evento trae consigo la vuelta de tuerca del film, la familia se comienza a desmoronar, la madre se refugia en el alcohol y los recuerdos, el padre en el juego para poder salir de deudas, los niños huyen de casa para conseguir dinero y ayudar al padre; todo comienza a tomar un tono más oscuro, algunas de estas situaciones se ven reflejadas en la fotografía de Jules O´Loughlin, la cual cumple a secas su cometido, ya que ni la directora ni la fotógrafa se arriesgan al momento de elegir los planos, los cuales están bien elaborados pero dejan un sabor de boca a una película sin mayor pretensión que buscar una buena taquilla, creo que al tratarse de una historia donde unos niños huyen a una ciudad llena de vicios y personajes siniestros, la foto pudo haber jugado un papel más dramático, ya que la cinta, si bien se instala en los géneros de fantasía, drama y aventura, por momentos coquetea con el suspenso, el cual pudo quedar mejor de haber optado por una iluminación y foto más acordes a esos momentos. La historia hasta este punto parece interesante, pero es en su resolución donde tiene un fuerte tropiezo, la invitación que hace la directora durante la primera mitad a quedarse dentro del inmersivo mundo imaginario de los niños, se pierde por graves errores en el guión y dirección, las decisiones argumentales se sienten como si se le comenzaran a salir de control  y en su intento por retomar el rumbo inicial se pierde dejando el crecimiento de sus personajes de lado, los conflictos no encuentran salida, la densa nube negra de emociones que cubría la casa de la afligida familia nunca se resuelve, el pequeño de viaje de Alicia “al país de la maravillas” de nada sirve para mantener a la niña dentro de su mundo imaginario, cuando la directora en un inicio nos había demostrado lo contrario, el que Alicia quería seguir en ese fantástico lugar; Peter se marcha de casa y no se sabe su paradero, la directora deja entrever que fue el único que tuvo la posibilidad de viajar al país de nunca jamás, aunque esto a la historia no le sirve para nada.

“Erase una vez” me hizo sentir la emoción que tenía de niño al ver una película, la falta de recursos visuales espectaculares me hizo apreciarla más, sin necesidad de tanta animación la cinta te envuelve en la idea del mundo infantil y es fácil caer en esos momentos tan añorados por muchos, lamentablemente la falta de criterio, las decisiones equivocadas y un guión desatinado en su segunda mitad le da al traste a lo que parecía iba ser una interesante historia infantil cargada con una aire de oscuridad adulta. El cine en la actualidad ha estado carente de ideas originales, los remakes, nuevas versiones de películas ochenteras, pasar del dibujo animado al live action, ha hecho mella en la capacidad creativa de quienes trabajan en esa industria, algunas propuestas se arriesgan a buscar costas distintas a las ya exploradas, algunas lo hacen con éxito y otras naufragan antes de arribar, como es el caso de esta cinta que propone un tema tan interesante y melancólico como es el de la infancia, y más a sabiendas que los niños en la actualidad parecen estar más preocupados por lo que pasa en la Tablet o en el celular, que los que su propia mente les puede crear, bosques encantados, animales fantásticos, compañeros imaginarios, increíbles naves espaciales y mucho más, y que el cine, al igual que muchos niños, han perdido la capacidad de elaborar.




18 de enero de 2021

El cazador de monstruos


Los monstruos mitológicos o de fantasía siempre han causado asombro e interés en el ser humano, las historias y los relatos de miedo que se generan entorno a ellos han dejado sin dormir a más de uno durante una fría noche invernal; en el cine hemos tenido apariciones dignas de mencionarse de dichas criaturas, en la saga de “El señor de los anillos” (Peter Jackson, 2001, 2002, 2003) aparecen varias de ellas; los seres de la mitología nórdica denominados trolls aparecen en “Trol: la verdad detrás de la leyenda” (André Øvredal, 2010), incluso el chupacabras tuvo su aparición en “El chupacabras” (Gilberto de Anda, 1996). Pero no sólo las bestias son famosas, también los cazadores de estas, tenemos el famoso caso de Van Helsing, quien tuvo su propia película como personaje con “Van Helsing” (Stephen Sommers, 2004) y apareció dándole cuello al famoso vampiro de los Cárpatos en “Drácula” (Francis Ford Coppola,1992); de la misma forma que lo hace “Solomon Kane” (Michael J. Basset, 2009).

Esta vez toca analizar una película que, debido a la pandemia de Covid, sufrió un retraso importante en su estreno en México, llegando a las salas a principios de Enero de 2021, me refiero a la cinta “El cazador de monstruos” (2018) del director Jordan Downey, quien también tiene en su haber la película (si es que se le puede llamar así) “ThanksKilling” (2009) y “ThanksKilling 3” (2012), cintas que intentan oscilar entre el terror y la comedia, en las que un pavo masacra una serie de jóvenes y marionetas en el Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos, nada más irreverente que ver un pavo asesino, aunque este tipo de películas denominadas serie B tienen un público que las aprecia por sus formas mal hechas. Pero esta vez, Downey se intenta poner serio con la cinta de un cazador de bestias, sin embargo, el resultado es vergonzoso por decirlo decorosamente. 

La cinta inicia con el cazador (el cual no tiene nombre, sólo sabemos que es el padre de una niña), en un bosque durante el invierno en el que descubre la presencia de un monstruo y le da caza, para después ir a una tienda de campaña para consolar a su hija. El director corta a un tiempo futuro, donde la niña ha muerto por el ataque de un monstruo, ahora, el padre ya tiene una cabaña, en la que guarda las cabezas de dichas criaturas como trofeos de caza, y en la que hace pócimas medicinales con los restos y sangre de sus presas. Desde este momento, los primeros 15 minutos del film, el director nos demuestra la plástica y los tamaños de encuadre que usará para el resto de la cina (salvo contadas ocasiones), por lo general recurre a planos medios o close up, usando el plano general solo como referencia visual de donde se encuentra el protagonista en su entorno; la elección de dichos planos se vuelve cansada, incoherente y confusa por momentos, incluso usa un plano subjetivo dentro del casco del cazador en una secuencia un tanto larga, que desorienta y no ayuda al film, dándole un aspecto más de videojuego que de película. El género en el que se inscribe es en el de terror y fantasía, aunque apuesta más por el primero y el tamaño cerrado de los planos delinea esa idea, cayendo en un abuso de estos, intentando hacer creer que cada plano de la cinta importa por su tamaño; el director en esto se equivoca de forma rotunda, ya que llega el momento en que se pierde la importancia debido al uso recurrente de los close ups o planos detalle, la atención se desvirtúa y se cae en una “predisposición visual”, en donde por el ángulo de la cámara y el tamaño del encuadre “suponemos o sabemos” que va a suceder algo, cuestión que no ayuda al ritmo de la cinta; por lo general las cintas de terror juegan con estos tamaños pero, las cintas que están bien desarrolladas, no abusan de ellos, esto con el fin de generar una cierta tensión que no necesariamente tenga que ser visual, sino también auditiva; y aquí es donde encontramos el otro error de la cinta, el audio (entiéndase como efectos sonoros y música) cae en una repetición idéntica a la visual, un acompañamiento predecible que intenta generar tensión y miedo, lamentablemente lo inverosímil de la historia tira todo a la basura en perfecta coordinación con las malas elecciones del director; de las bestias mejor ni hablamos ya que únicamente vemos las cabezas, en ningún momento se nos presenta el enfrentamiento épico que hará vibrar las butacas del cine, lo único que tuve que enfrentar es el tiempo que dura la cinta.

De las actuaciones hay muy poco que decir, la interpretación de Chrystopher Rygh como “el padre” se limita a unos 8 diálogos con poca o nula importancia, tal vez uno de ellos en los que habla en la tumba de su hija, aunque hubiera quedado mejor un monologo donde aflorara el sentimiento paternal del cazador en torno a su difunta hija; pero a Downey no le importa dar un respiro o un momento dramático a la audiencia, necesita generar tensión a partir de una situación ridícula en la que un tarro que regenera las heridas del cazador rápidamente, cae sobre la cabeza de una de las bestias que acaba de matar, el resto lo podrán imaginar; el final no puede ser mas atropellado y rápido, al igual que la duración de la cinta, 1 hora 15 minutos, imagino al director buscando planos generales para darle esos minutos adicionales para poder exhibirla en los cines.

Tengo la impresión que algunos de los nuevos directores de cine optan por la salida fácil a la hora de escribir, filmar, producir y desarrollar una película, la repetición de una formula hasta el cansancio, el grito fácil, el susto premeditado, el sonido que alarma, se ha perdido la capacidad de generar tensión a través del conjunto que representa una escena; lo peor es que muchas de estas cintas ya parecen ser la nueva plástica que seguiremos viendo en el futuro, una apuesta por hacer películas en las que el espectador no razone ni reflexione, sin tiempo para lagrimas ni descansos, el sobresalto prolongado, como si de una montaña rusa se tratara, con una puesta en escena mediocre y desatinada, actuaciones sin profundidad, tramas repetitivas que huelen a cientos de películas similares, sonidos y música que parecen extraídos de una caja musical que se repiten sin cesar, una dirección que no busca confrontar al espectador a través  del plano, del efecto sonoro, de la música, sino que hace todo lo contrario, dar por sentado que quien ve la película necesita ayuda para entenderla, como intentar insertar un instructivo con las indicaciones de cómo ver la cinta. Espero que pronto el cine de terror se vuelva a reivindicar, que los monstruos y terribles criaturas mitológicas que asolaron muchos de los pueblos alrededor del mundo nos vuelvan a espantar, que una vez más las películas de estos seres llenen las pantallas con sus historias y leyendas, que en conjunto con un artista visionario revivan de esos antiguos libros y cuentos donde hacen de las suyas, y que  nos asusten una vez más a través de la magia que sólo el cine puede crear.




1 de octubre de 2019

Ad Astra: el viaje al espacio entre padre e hijo.


El espacio, los planetas y las estrellas siempre han sido objeto de fascinación y atracción para el hombre, se ha estudiado su concepción, su tamaño, sus componentes, etc., se han lanzado cohetes con satélites para su exploración, naves tripuladas por astronautas de diversas nacionalidades han permanecido largas jornadas de tiempo orbitando la tierra en la Estación Espacial Internacional; muchas películas han abordado este tema, desde la legendaria y maravillosa “2001: Odisea en el espacio” de Stanley Kubrick hasta la estresante y claustrofóbica “Gravedad” de Alfonso Cuarón, así como muchas otras que por falta de espacio es imposible mencionar. La nueva cinta protagonizada por Brad Pitt “Ad Astra: hacia las estrellas” dirigida James Gray, cae en esta categoría de películas donde la exploración espacial da pie a una dramática historia que contar.  
La cinta nos narra la historia de Roy McBride, un comprometido astronauta estadounidense dispuesto a darlo todo con tal de cumplir las exigencias de su demandante trabajo, incluso cuando es puesto sobre aviso de la posible aparición de su padre, quien años antes se había embarcado en una misión espacial en los limites del sistema solar con el fin de buscar vida extraterrestre mas allá de nuestros confines planetarios, McBride es requerido para ayudar a hacer contacto con la nave de su padre Clifford McBride (interpretado por Tommy Lee Jones), a quien ya daba por muerto, ya que de ella están emanando peligrosas ondas electromagnéticas que ponen en peligro la estabilidad energética de todo el sistema solar, creando apagones y explosiones en la tierra. Sorprendido por la noticia, el imperturbable McBride acepta viajar a Marte para desde ahí intentar hacer contacto, es en este momento donde comienza la película y la odisea del protagonista. La película si bien es cierto no es mala, transcurre de forma lenta, sino es por ciertas secuencias vertiginosas que parecen sacadas de la manga, la película bien podría se cortada por mitad y seguiría contando lo mismo, las escenas de acción cumplen un papel meramente decorativo ya que en nada influyen en lo importante del film, que es la psique del protagonista y su conflicto principal: la relación con su padre. Si bien es cierto que muchas de estas escenas causan un impacto natural en McBride, no se siente que pesen en sus emociones, su viaje, a pesar de estar lleno de amenazas, lo realizar sin menor contratiempo físico, su estado mental conforme se aproxima al planeta rojo intensifica las emociones contenidas, el abandono de su padre a temprana edad comienza a cobrar un nuevo sentido, como si conforme más se aleja de la tierra más puede adentrarse en sí mismo para descubrir todo aquello que no lo dejaba ser, el viaje a la penumbra, al vacío, a la incertidumbre, la lejanía de lo terrenal para acercarse a lo emocional. La historia como tal parecía dar para más, pero es en la resolución donde comienza a desbaratarse la idea que se había construido en torno al personaje principal, las salidas fáciles, las situaciones comunes, todo el largo camino recorrido por McBride se ve menoscabado por la cantada solución a su conflicto, no se diga del aspecto fantástico de cómo sale ileso de un lugar que es todo menos predecible.
En el aspecto técnico la película cumple bien con lo que se propone sin arriesgarse demasiado como en su momento lo hizo “Gravedad” con sus claustrofóbicas tomas en el interior del traje espacial, o los vacíos de sonido en “2001: odisea en el espacio”, por mencionar las dos películas a las que hice referencia al inicio de esta reseña; la cinta se aparta de proponer y se limita a contar, las actuaciones son buenas sin llegar a ser sobresalientes, Brad Pitt no se ve exigido con este papel, el héroe norteamericano se ve bien representado, un hombre capaz de sacrificar todo por su país, alguien que no tiene mayores motivaciones que hacer bien su trabajo y alejarse lo más posible del contacto personal. Por otro lado la música se me hizo similar a otras películas, sobre todo en los momentos más álgidos del film como las secuencias de acción o la parte climática del tercer acto, los efectos sonoros son buenos sin que lleguen a tener mayor relevancia; la fotografía de Hoyte Van Hoytema, quien ya había tenido un acercamiento a este tipo de películas haciendo lo mismo con “Interestelar” de Christopher Nolan, cumple con su papel, sin embargo, no es la foto lo que falla en esta cinta, incluso la música que pareciera ser copiada de otras, sino la forma en la que es narrada, creo que si alguien llegara durante la media hora final del film podría entender de que trata sin perderse mayor cosa de lo que la cinta quiere contar.
La ciencia ficción es un género recurrente en el cine mundial, muchas películas buscan generar expectativas y dar respuesta a lo que hay más allá de nuestro sistema solar, algunas lo han hecho de buena manera y otras no han corrido con la misma con la suerte, “Ad Astra: hacia las estrellas” busca explorar más el espacio que hay en una relación padre e hijo, enmarcada en un viaje interplanetario, en la que el protagonista va descubriendo cosas más sobre si mismo y su naturaleza, su perpetua caída motivada por un sentido patriótico y de deber se cuenta bien, y se vuelve parte del oscuro fondo espacial, sin embargo, su resurgimiento llega tarde en la cinta, y se siente forzado el momento en que se intenta hacer el viraje, para cuando uno se adentra en el negrura del espacio profundo, lo hace también uno en la psique de McBride,  el viaje a Neptuno no acaba en lo esperado,  la nada también debería ser protagonista de este tipo de historias, la dureza del protagonista se ve blandecida por situaciones recurrentes del cine hollywodense, donde todos sus protagonistas tienen derecho a la redención, donde todo el pasado tiene solución, donde en los confines mas lejanos del espacio se encuentra la motivación, porque si algo nos ha enseñado el cine, es a esperar lo mejor.



17 de febrero de 2017

La, la, land; la pareja y su complejidad en un mundo atemporal.



Debo admitir que no soy seguidor asiduo del género musical en el cine, tengo la sensación, tal vez errónea, de que este pertenece más al teatro, el lenguaje corporal en este tipo de películas concuerda más con la exageración que requiere el arte de bambalinas, el cine no requiere de estos gestos ya que recurre a la posición de la cámara con respecto al actor, así como a la iluminación y demás recursos técnicos con los que cuenta el séptimo arte; aunque debo admitir que hay musicales que me han gustado, y mucho, la aventura animada que emprenden los integrantes del cuarteto de Liverpool en “El submarino amarillo” (George Dunning, 1968) se me hizo una alternativa bastante surrealista a la postura acrítica e infantil que en ese entonces tenía Disney; los mismos Beatles ceden su obra musical a otra pieza cinematográfica, en una mezcla de animación y live action “A través del universo” (Julie Taymor, 2007) oscila entre el mundo caricaturesco de la cinta sesentera de Dunning y la puesta en escena estelarizada por Eva Rachel Wood y Jim Sturges; dentro de este repertorio musical encontramos otros grandes éxitos como “Vaselina” (Randal Kleiser, 1978), “Willy Wonka y la fábrica de chocolates” (Mel Stuar, 1971) o la innovadora “Moonwalker” (Jerry Krammer, 1988), entre muchas otras más.
La nueva, y segunda película de Damien Chazelle, quien fuera nominado al Oscar en 2015 por su ópera prima “Whiplash”, se inscribe en este género, “La, la, land” (2016) cuenta la historia de amor a través de un encuentro accidental entre Sebastian (interpretado por Ryan Gossling) un apasionado pianista obsesionado con el jazz, y Mia (interpretada por Emma Stone) una ingenua chica californiana en busca del éxito en Hollywood como actríz, quienes después de un altercado en medio del tráfico de la ciudad de Los Angeles, California, tienen un encuentro en un restaurante donde ella escucha una pieza musical que él tocaba en un piano, cuando ella intenta felicitarlo él la choca saliendo del lugar sin disculparse, sin embargo, la terquedad del destino hizo que nuevamente se encontraran, esta vez el encuentro tuvo un resultado distinto, dejando entrever el surgimiento de una chispa que crecerá conforme transcurre el film, añadiendo a su amor sus sueños y metas, mismos que, en algún momento, tomarán un roll definitorio en la vida de ambos.
El tratamiento de la película dista un poco de otros musicales que he visto, las canciones y secuencias de baile no se explotan tanto como en otros filmes del mismo género,  ambas actuaciones se sienten muy solidas, rasgo que ambos actores han conseguido en su carrera cinematográfica, al grado de que ambos interpretes, Gossling y Stone, han sido nominados al Oscar a mejor actuación, así como a otros importantes premios que se reparten alrededor del mundo; de hecho, la película tiene 14 nominaciones al Oscar, entre las que se encuentran mejor película, mejor director, mejor guión, mejor fotografía, entre otros. Esto habla de una película de excelente manufactura en todos los departamentos, la calidad fílmica se nota, la historia nos alienta y emociona, haciendo palpitar el corazón al ritmo de las pegajosas melodías y, a su vez, nos angustia y entristece de la misma manera, con notas musicales que nos desgarran el alma; las expectativas que se generan por la relación amorosa de ambos personajes se diluyen con las pretensiones profesionales de ambos, los logros laborales y el éxito personal se vuelven un obstáculo, esto hace que la cinta tome un rumbo distinto al planteado durante el primer tercio, la vuelca de tuerca sienta muy bien, cuando parecía que la historia parecía convertirse en una comedia romántica, de las que Hollywood tiene ya suficientes, esta se aleja de esos melosos y hostigantes  guiones y se adapta a la realidad humana, con todo y sus complejidades de pareja, sus desaires, sus peleas, sus desencuentros, pero sobre todo, sus decisiones. 
La cinta pareciera desarrollarse en un mundo atemporal, el inicio me situó en la década de los 90, y conforme fue transcurriendo el vestuario y canciones hicieron que oscilara entre el presente y el pasado, en un recorrido que me llevo a sentir los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y ochenta; pareciera que el director pretendiera jugar con las épocas, como si estas sirvieran como mero telón de fondo para la vida de cualquier individuo, su discurso pareciera decirnos que lo único que no cambian son las emociones, la emoción de un nuevo amor, el dolor de un desencuentro, la humanidad esta llena de esos momentos y Chazelle los muestra con dos personajes que podrían trascender el tiempo, esos amores que no tienen fecha de elaboración o caducidad, amores que desgarran, que se sienten naturales, como parte de una cotidianidad, como parte de la naturaleza humana y toda su complejidad, a su vez nos da cuenta de la importancia de una decisión, de cómo un arrebato puede cambiar el destino, de cómo un beso o un simple roce puede hacer girar el mundo de dos personas. Esta esencia es lo que maravilla y deja atónito, es lo que nos hace humanos, el error, Chazelle logra, a través del cine, demostrarnos el “que hubiera sido si…”, sin embargo, y lamentablemente, en la vida esto no se puede conseguir, una vez emprendido un camino no hay marcha atrás, el tiempo real no regresa, se puede ciclar, pero transcurre sin dar miramientos de la felicidad o el dolor que pueda causar, y aún cuando la decisión pareciera no ser la mejor, la vida da otra oportunidad, un guiño que pareciera ser una esperanza, una sonrisa que despierta la emoción, como una canción que se escucha infinidad de veces y siempre produce la misma emoción.



25 de agosto de 2016

Me estas matando Susana; el fallido intento mexicano de adaptar la literatura de onda al cine.





José Agustín es unos de los escritores más reconocidos del movimiento literario conocido como “la onda”, el cual surgió a mediados de los años 60 en México, consistente en la desfachatez del lenguaje, el transgredir el estilo puritano de los escritores contemporaneos y el antagonismo al sistema gubernamental controlado por el PRI; el autor, nacido en Acapulco, Guerrero, cuenta con una obra extensa, parte de la cual ha dedicado al cine, arte al que fue inducido, y seducido, por Angélica María, con quien mantuvo una fugaz relación, y quien protagonizo el único film dirigido por el autor “Ya sé quien eres (te he estado observando)” (1971). En esta ocasión uno de los libros escritos por el prolífico autor guerrerense es motivo de una adaptación cinematográfica a cargo de Roberto Sneider, quien en su filmografía como director tiene dos películas, basadas a su vez, en dos libros de autores mexicanos como “Dos crímenes” de Jorge Ibargüengoitia (la cual se estrenó en 1995), y “Arráncame la vida” de Ángeles Mastreta (estrenada en el 2008); este año se avienta a trasladar “Ciudades desiertas” de la mano de Gael García Bernal, imán taquillero entre el público femenino, quien da vida a Eligio, y la desconocida, al menos en tierras aztecas, Verónica Echegui, quien interpetra a Susana. La cinta gira en torno a la complicada relación entre Eligio y Susana después de que esta decide huir de casa al tener la sensación de estancamiento en con su pareja, a partir de este momento, Eligio decide emprender la aventura de buscar a su mujer en tierras gringas, a donde ella va a tomar un curso de literatura en una universidad de Iowa; al llegar, el protagonista del film se  entera de que su esposa ha estado manteniendo una relación con un poeta polaco e intenta recuperar su amor, punto en el que se desencadena una serie de vaivenes entre la pareja, situando al espectador en una especie de loca y obsesiva persecución de un hombre por una mujer, un retrato, según lo intenta revelar Sneider en alguna parte de la película, del macho mexicano, aunque este “estereotipo” mexicano no tenga ningún acomodo dentro del film, a menos que sea una versión light de lo que en algún momento el propio cine nacional, en su llamada época de oro, nos presentó como la imagen viril e inmutable del masculino azteca.
La película de Sneider sigue los mismos pasos de sus cintas previas, una traslación fidedigna de la obra literaria que representa, lo cual trae consigo una serie de problemas de facto, comenzando por el hecho de que cada una de estas artes alberga universos, estilos, narrativas, recursos, y un gran etcétera disímiles unos de otros, el hecho de presentar una obra tal cual es en el libro en el cine, pierde, en el camino, la esencia del mensaje del autor, una crítica al proceder del hombre mexicano, enajenado por la idea de una mujer servil y fiel; este retrato se pierde en el protagonista, Gael le imprime un aire más caricaturesco al personaje que interpreta, aún cuando se trate de una comedia, el cometido no se cumple, quedando su personificación en un intento patético de actuación, estancándose en papeles que previamente ha interpretado, García Bernal se siente, y se ve, como más de lo mismo, sin exigencia, como si de una charla entre amigos se tratara, regalándonos algunos momentos jocosos que se atribuyen mas a los gastados recursos mexicanos en la comedia: el lenguaje soez, la inverosimilitud de las situaciones, el patetismo del hombre, los gags, etc.; la interpretación de la española Echegui va por el mismo camino, la función de su personaje es ser el ancla de Eligio, su papel co protagónico se siente más bien como de actriz de reparto, con pocos momentos sola ante la cámara, a diferencia de Gael que tiene prácticamente toda la cinta a su disposición, cuestión hasta cierto punto comprensible si tomamos en cuenta que es él quien se lanza en la búsqueda de ella; sin embargo, aquí confluye esa idea de traslación fiel, en la que tal vez, un guionista más experimentado, pudo explorar un poco más el punto de vista femenino, ya que, a lo largo del film, nunca se dan las razones por las cuales ella huye de casa.

Dentro de los apartados técnicos la película no ofrece nada nuevo, lo único rescatable que encontré fue escuchar “Distante instante” de Rodrigo González, una especie de luz en túnel bastante oscuro que no tiene salida; en cuanto a la propuesta visual, hay series de televisión que explotan mejor los recursos cinematográficos que esta película, después de haber rodado una película de más presupuesto, como lo fue “Arráncame la vida” se esperaría que Sneider tuviera una visión más estética del llamado séptimo arte, sin embargo, se relaja con una película de estilo mas “indie”, a menos que sea una aventura independiente, como lo hizo Sam Mendes, cuando rodó, entre “Revolutionary Road” (2008) y “007: operación Skyfall” (2012), “Un lugar donde quedarse” (2209), dudo mucho que sea ese el caso ya que la adaptación de Mastreta tiene 8 años que se estrenó en cines. Dos películas se han estrenado en esta década basadas en la obra de José Agustín, “Abolición de la propiedad” de Jesús Magaña Vázquez, estrenada en el 2012 (de la cual también hice una reseña), y la cinta que da pie a este artículo, ambas etiquetadas como propuestas del nuevo cine mexicano, tomando senderos arriesgados como en el caso de la primera película, que quiere optar por propuestas arriesgadas al estilo de “Dogville” de Lars Von Trier con pobres resultados; es bastante lamentable que, a la fecha, no se haya hecho ninguna película que haga honor a la obra del gran autor acapulqueño aún con vida, su obra merece más que bosquejos juveniles e intentos fallidos de comedias patéticas, su obra merece un lugar histórico dentro del cine nacional, un lugar que sea la onda como el género del que fue precursor, un lugar emérito por haber sido uno de los guerreros que no necesitaron armas para oponerse al sistema, sólo una pluma y una gran imaginación, un hombre que formó parte del movimiento contracultural que detonó el enojo y brutalidad del sistema, pero que a la vez consiguió nuevos caminos de expresión, así como la liberación juvenil en una época de gran represión. El cine nacional aún tiene una deuda muy grande con uno de los grandes representantes y defensores de la literatura mexicana, tendrá que esperar su homenaje hasta que de una de las “Ciudades desiertas” surja el talento que lo lleve a la cúspide que como autor ya alcanzó.




4 de abril de 2016

Cometa

Las vacaciones de verano eran simplemente maravillosas para Genaro, las mañanas y tardes eran perfectas para jugar, las calles de tierra eran tomadas por decenas de niños y niñas que no paraban de jugar, los pocos conductores que circulaban por la zona eran cuidadosos, más que de no atropellar un niño, a no descomponer la suspensión del auto por las terribles condiciones del camino, las madres salían a asomarse ocasionalmente para ver cómo estaban sus retoños, sabedoras de que los niños solían tener riñas constantes, ya sea por haber perdido un juego de canicas o por quedar en último lugar en las “metitas”, afortunadamente para ellas las vacaciones de verano estaban por concluir, el regreso a clases y las tareas eran como un suspiro; a Genaro poco le importaba si se iban a acabar las vacaciones ya que la temporada de uno de los eventos más impactantes del año se encontraba en su apogeo, el constante aire que soplaba y llenaba la ciudad de murmullos, era el elemento perfecto para poder volar un papalote, todo le fascinaba de esos maravillosos juguetes, desde su meticulosa elaboración hasta su enervante forma de conquistar el cielo; Genaro tenía un amigo llamado Sebastián que vivía a tres casa de la suya, él sabía hacer papalotes y lo enseñaba todas las mañanas y tardes sobre cómo hacerlos, ambos trabajaban en el diseño de lo que iba a ser el cometa más temido del barrio, competirían en uno de los espacios aéreos más gandallas de Xalapa, la Colonia Aguacatal, figuras de la talla de “El Nazi”, un gigantón de 28 años que vivía tres cuadras arriba, muy cerca de las faldas del cerro de Macuitepetl, este bravucón era una especie de Baron Rojo en el barrio, “despachador” y “jalador”, las dos únicas formas de ganar un duelo en el aire, Genaro imaginaba estas batallas como dos dragones peleando encarnizadamente para ganar ese espacio aéreo guiados por un hilo desde la azotea de una casa; la lista de contendientes era extensa, sin embargo, esto no los asustaba, sabían que podían liar con esas amenazas y muchas más, les preocupaba más cómo iba a quedar el diseño de su obra de arte, la cara de Karmatrón había sido la elegida para debutar en el aire, nadie había pensado en elaborar un papalote con la imagen del kundalini mexicano ese final de verano de 1987. Cuando quedo listo el maravilloso rostro plasmado en papel china, Genaro y Sebastián se detuvieron un rato a admirarlo, no dijeron una sola palabra, los tenía impresionados, el recuerdo de su creación perduraría en la memoria de ambos niños durante toda su vida; decidieron elaborar una “cola” que estuviera a la altura del magno evento, colocando tres navajas en fila para enfrentarse con quien se pusiera enfrente, querían volarlo al día siguiente, las clases estaban a la vuelta de la esquina y sabían que ya no tendrían tiempo para elaborar un papalote como ese, aparte tenían un hambre voraz por surcar el horizonte, todo parecía estar dispuesto, se despidieron esperando poder conciliar el sueño en lo que se veía venir como una muy larga noche.
Genaro despertó cerca de las 10 de la mañana, se puso rápidamente su pantalón y salió corriendo de su cuarto, subió a la azotea de su casa y saltó la de dos vecinos hasta llegar a la de Sebastián, que ya lo esperaba con el papalote en la mano, en el suelo había un “canuto de hilo del cero”, con este sujetaron el papalote, la “zumbadora” dejo escuchar un rugido con una ráfaga de aire que cruzo hacia el horizonte, Genaro imaginó el papalote sufriendo una transformación en el aire, adquiriendo un tamaño descomunal, devorando todos los papalotes e incluso comiéndose al temido “Nazi”; todo estaba listo, Genaro tomó el papalote y cruzo las azoteas hasta llegar a la de su casa, puso el papalote de frente al viento, Sebastián se encontraba al lado opuesto, en su azotea listo para jalar con fuerza el hilo al primer ventarrón que sintiera, el momento no se hizo esperar, un gélido pero intenso aire los tocó dando la señal a ambos del momento del despegue, el cual fue todo un éxito, Genaro miró atónito durante un largo rato como el rostro de Karmatrón se suspendía en el aire, las nubes del fondo servían como un marco ideal para esa estupenda obra de arte, a lo lejos se asomó el papalote de “El Nazi”, una suástica negra sobre un intenso rojo de fondo apareció en el firmamento, un escalofrío recorrió a Genaro quien sabía que el momento de la verdad había llegado, Sebastián le entregó el papalote a sabiendas de que su amigo era más diestro en el arte del forcejeo aéreo. Genaro “llamó” el papalote, quería colocarse detrás del que piloteaba “El Nazi”, quería aprovechar el momento, la suástica flotaba de forma estable, no se le veía coleando amenazante buscando “despachar” o “enredarse” con quien se cruce en su camino, cuando estuvo justo encima Genaro dejo ir el hilo dejando caer el papalote encima del otro, todo parecía perfecto estaban a un metro de despachar al más grueso de la “Guaca” pero la cola de otro papalote apareció enfrente de sus ojos, a escasos metros de ellos, justo arriba del hilo que conducía a Karmatrón, sus caras se transformaron, Genaro sacudió la mano con violencia intentando esquivar la arremetida del nuevo rival, todos sus esfuerzos fueron en vano, la navaja corto el hilo y el papalote se desprendió alejándose de ellos, siguieron su trayectoria hasta atorarse en medio de las ramas de un árbol, ambos soltaron un gemido, se tiraron de rodillas sobre el suelo y se miraron furiosos, no dijeron nada durante un rato, habían sido “despchados” por el nuevo niño de la calle, Abel se llamaba y, a pesar del gran enojo que le tuvieron en ese momento, comenzaron a llevarse con él, al grado de que al siguiente año, los tres construirían a “Ultraman”, el papalote cósmico, como le decían.

Nadie supo a ciencia cierta que paso con Karmatrón, había muchos rumores, algunos dijeron que nadie pudo bajarlo y que llego un momento en que el árbol lo absorbió, otros decían que “El Nazi” lo había rescatado y lo tenía colgado en la sala de su casa, algunos llegaron a comentar que un loco que escapó del psiquiátrico que se encontraba en la entrada al cerro, lo tenía en su poder y que todos los días se dibujaba volándolo en distintas ciudades del mundo, había historias más disparatadas como la de un duende que habitaba en el cerro lo tenía en su poder y lo volaba todas las noches, pero ninguna era consistente, la realidad era que nadie tenía la más mínima idea de donde estaba, pero algo fue muy cierto, su legado en el barrio aún se escucha cuando el aire resopla recorriendo todas las casas del barrio, ahora ya no hay niños en las azoteas, pero si se pone atención, se puede ver, de vez en cuando, las grandes batallas que libraron todos los papaloteros del barrio, los papaloteros de la Aguacatal.