Dreamland

Espacio donde gracias a la todapoderosa web me da la oportunidad y posibilidad de compartir con todos aquellos que lleguen a caer en este blog por azares del destino, escritos, fotos, videos y algunas otras cosas que he realizado sólo o en conjunto con otros cuates. Espero que les guste. Saludos

Hasta que la vida nos separe...

Hasta que la vida nos separe...
Todos los días son día de muertos

8 de marzo de 2013

The master, el cambiante oficio de la charlatanería para dilucidar la naturaleza humana.





Paul Thomas Anderson se ha caracterizado por ser un director que trabaja en proyectos muy concienzudamente, su carrera en Hollywood inicia a mediados de la década de los noventa con “Hard eight, Sydney” (1996) pero fue “Booggie nights” (1997) la cinta que lo catapulto al estrellato por contar la torcida historia del sexual mundo de la pornografía en la década de los setenta, su tercera película fue “Magnolia” (1999), es en este punto que su obra se vuelve más pensada, esto se nota en los intervalos de tiempo que existe entre una y otra película que ha desarrollado desde entonces, este tercer trabajo vino acompañado de una estrella de Hollywood en ascenso como Tom Cruise, quien participó junto con otros actores que buscaban su lugar en la llamada meca del cine como Julianne Moore, William Macy, John C. Reilly (estos tres primeros repiten con Anderson ya que habían aparecido en “Boogie nights”), Philip Seymour Hoffman, entre otros, en una película de gran calado que entrega actuaciones soberbias de la mayoría de los actores involucrados, una obra que retrata muy bien los males que padece la sociedad norteamericana en cuanto a sus aspiraciones y al famoso sueño americano, que en estos personajes, no termina por cumplirse; su siguiente trabajo viene tres años después con “Embriagado de amor” (2003) en la cual rescata al comediante Adam Sandler cuya carrera actoral no había destacado por los dramas hasta este film, y a Drew Barrymore, quien se hiciera famosa por sus incursiones en “E. T. el extraterrestre” y “Cat´s eye”, así como por sus adicciones que la pusieron en el ojo del huracán durante algún tiempo en la malévola industria del chisme hollywodense; el film que antecede al que da origen a esta reseña también se puede considerar de excelsa manufactura en todos los sentidos, actuación, música, imagen, me refiero a “Petroleo sangriento” (2007) con la portentosa actuación de uno de los mejores actores que actualmente trabajan en grandes obras como lo es Daniel Day Lewis, quien ha sido dirigido por grandes maestros del cine y la industria como Martin Scorsese (Pandillas de Nueva York, ) y Steven Spielberg (Lincoln, 2012), la quinta cinta de Anderson cuenta la época en la que se iniciaron las exploraciones petrolíferas  a cargo de varias familias del sur de los Estados Unidos y como esto se volvió un negocio inmediato; son apenas 6 películas en poco más de 17 años de carrera para este gran director angelino que arroja un promedio de una película casi cada tres años, en una obra que ha ido de menos a más, en la que uno podría pensar cualquier cosa menos que se trata de un hombre de apenas 43 años de edad, muchos directores con más veteranía quisieran tener en su palmarés parte de la obra de este singular realizador que podemos considerarlo como uno de los mejores de su generación.
“The master” fue estrenada el primer mes del año pasado en los Estados Unidos, lamentablemente a México llego un año después, y al parecer el suministro de copias a nivel  nacional hizo que la película llegará a algunas ciudades del interior a finales de febrero, permaneciendo en cartelera apenas un par de semanas, pero dejando a un lado las inconveniencias geográficas de vivir en provincia en un país con una gigantesca urbe centralista, entraré de lleno al tema de la película. La historia cuenta parte de la vida adulta de Freddie Quell, interpretado magistralmente por Joaquin Phoenix, personaje que padece una especie de psicosis y retraso (conforme nos adentramos en la película nos enteramos que su madre ha estado internada en un hospital psiquiátrico), al inicio lo vemos disfrutar el sol junto con otro grupo de jóvenes soldados en una playa, sus arranques enfermos se hacen notar desde este momento cuando se da cuenta que sus compañeros están elaborando una mujer desnuda de arena, al ver esto, el desquiciado Freddie se abalanza sobre la efigie simulando tener relaciones sexuales con ella ante la mirada atónita y de sorpresa de los demás, es desde este momento que Anderson nos comienza a delinear la naturaleza de este personaje, arrojado, sin escrúpulos, explosivo y carente de valores o moral; después de esta sexualmente enfermiza presentación, Freddie es interrogado por un oficial del ejercito con el propósito de saber que “tan dañado” pudo haber quedado después de la guerra, una vez más la naturaleza perversa y trasnochada de Quell vuelven a salir a la luz, esta vez a través de las imágenes del test de Roscharch, consistente en mostrar laminas con distintas manchas de tinta y que sirven para evaluar la personalidad de un individuo, en este caso todas las relaciona con penes y vaginas lo que deja asombrado al oficial que aplica dicho test. Hasta este momento sólo hemos podido ver la vida que el personaje principal lleva en torno a la milicia, sin embargo, Anderson ya nos ha dicho mucho de él, y es a raíz de esto que todo lo subsecuente que veamos no nos asombrará en lo absoluto ya que conocemos de ante mano la naturaleza animal que lo domina, esto puede sonar fácil de hacer pero requiere de gran maestría, en muchos films este tipo de rasgos los vemos a la mitad o cerca del final de un film, muchas veces esto nos desconcierta, en este caso es todo lo contrario, el personaje se nos presenta con absoluta franqueza desde el primer minuto de película, y no va a mayor, sino que la perseverancia en su locura se mantiene estática, no por eso la hace menos violenta o desgarradora, todo lo contrario, y es que los esfuerzos de Freddie por cambiar parecen caer en el vacío, es aquí donde entra Lancaster Dodd, interpretado igualmente de forma magistral por el gran actor Philip Seymour Hoffman, una especie de pregonero místico que anda por los Estados Unidos hablando sobre métodos alternativos a la hipnosis y psicología para poder conocer tanto vidas pasadas como secretos de la humanidad y que a la postre pueden servir para curar alguna aflicción, incluso enfermedades como algunos tipos de cáncer, una especie de Jodorowsky con su psicomagia viajando en caravanas de fieles devotos, un charlatán que se obsesiona con Freddie desde el momento en que lo ve y a quien intenta ayudar a través de su método, sin embargo, conforme transcurre el film, el “maestro” Dodd se da cuenta que todo lo que había escrito es prácticamente inservible, esto a raíz de conocer al dañado Freddie quien a pesar de los escuerzos sigue con esa naturaleza de caballo desbocado, aún cuando Dodd comienza a caer en contradicciones con su método, mismas que son perceptibles por parte de sus seguidores, él sigue fiel a la idea de poder cambiar a su desamparado inquilino, el cual a la postre pareciera ser una proyección de sus miedos o intentos infructíferos de éxito; esta especie de alianza se ve recurrentemente entorpecida por los arranques violentos que tiene Freddie, llevando a ambos a conocer una celda en donde tienen una acalorada conversación, a la confesión de un antiguo amor que el personaje principal tuvo antes de ir a la guerra, un amor virginal con una joven de 16 años a la que Freddy ni siquiera podía ver a los ojos, como si toda la culpa y vergüenza que carga en su conciencia fuera a transmitirse por la mirada, una especie de relación que exculparía al protagonista de  todos sus pecados pero que lamentablemente nunca se podrá concretar; esta serie de eventos hacen que su voluntad vaya flaqueando conforme transcurre el film, el supuesto doctor cada vez más adopta el carácter de lastre para él, aún cuando existe un evidente lazo que los une por encima de la naturaleza indómita de ambos, uno en lo enfermizo de sus actos y el otro en sus métodos poco ortodoxos, uno buscando férreamente controlar sus demonios internos y el otro con la fuerte necesidad de legitimarse a través de su discurso, en una amistad que nació para distanciarse.
La parte técnica del film es de excelente manufactura, la fotografía a cargo de Mihai Malaimare Jr., quien también hizo lo propio en “Tetro” de Coppola, es hermosa, los paisajistas planos abiertos son un deleite visual, la secuencia de la huida de la granja así como la que corresponde a la motocicleta son muy agradables a la vista, además de sumergirnos en el eterno escape que Freddie tiene consigo mismo y su realidad, también es de destacar el manejo en el uso del foco, desenfocando objetos o rostros y volviéndolos a enfocar, como adentrándonos en la confusa mente del protagonista, los recurrentes primeros planos nos muestran a un Joaquin Phoenix ensombrecido y demacrado, y a un Hoffman en busca de respuestas basadas en una guía que ni siquiera el puede entender; la parte musical corre a cargo de Jonny Greenwood y su función cumple los requerimientos de la cinta, dejando el rol más importante a los actores y entrando en los momentos álgidos del film, también hace uso de canciones que ayudan a matizar todo el cúmulo de sensaciones que nos produce ver al voluble Freddie, estas corren a cargo de grandes interpretes como Ella Fitzgerald o Madisen Beaty; la parte actoral es lo que más sobresale del film, ver a Joaquin Phoenix en este papel es sumamente desgarrador, sobre todo después de que el actor tuviera una serie de deslices personales, pareciera que este personaje le cayó como anillo al dedo, su constante risa enloquecida pareciera provenir de la entrañas del mismo infierno, y su mirada perdida parece deambular entre lo real y lo irracional, su flacura viene a reforzar todo el semblante de locura, el vestuario elegido para él queda a la perfección mostrándonos esa reducción física con un espíritu implacable; por el otro lado tenemos a Philip Seymour Hoffman que, como ya viene siendo costumbre suya, desempeña sus papeles con soltura y sobriedad, en este caso se mantiene siempre como un hombre que aparenta ser un erudito, sin embargo, el fango que cubre sus mentiras se comienza a resbalar conforme la tormenta de Freddie se desata sobre él, dejándonos ver al verdadero personaje, un hombre cuyas ideas cambian conforme sus errores son expuestos por un sujeto que no tiene remedio, un seudocientífico que ve mermados sus deseos por la imposibilidad de adentrarse en la psique de su pupilo y que va perdiendo los estribos con sus seguidores, contestándoles con diatribas que lo único que hacen es poner de manifiesto la incapacidad de su ingenio.
En lo personal creo que “The master” es la película más floja de Paul Thomas Anderson, pero no por eso deja de ser buena, tal vez no sea una película redonda pero el simple hecho de ver tan magistrales actuaciones hace que valga la pena la ida al cine, las nominaciones de ambos en varias premiaciones como los Oscar, los BAFTA, los Globos de Oro o en el festival de cine de Venecia, da cuenta del gran trabajo desplegado en la pantalla de la mano de un director que ha madurado y ha apostado por un cine que tiende a ser difícil de ver por lo complejo de sus personajes, con historias que han recorrido el tiempo (los setenta con “Boogie nights”, los cuarenta y cincuenta con “The master”, o en los albores del siglo XX con “Petróleo sangriento”), que han recorrido actores con grandes interpretaciones, un director que no busca polemizar, sino adentrarse en las torcidas mentes de los que han y habitamos este planeta, lugar que parece querer escupirnos al espacio para librarse de nosotros, porque gracias a nuestros actos hemos logrado crear y destruir, avanzar y retroceder, buscando una suerte de bienestar, aún cuando estemos plagados de contradicciones y quisiéramos aferrarnos a algo o a alguien pareciera haber mentes indomables, hombres que nacieron para ser salvajes, regidos por sus impulsos y su naturaleza indómita, hombres que no necesitan ayuda, hombres a los que Anderson los cataloga como “The master”, porque ellos son los verdaderos maestros.este caso es todo lo contrario, el personaje se nos presenta con absoluta franqueza desde el primer minuto de  desconcierta, en








18 de febrero de 2013

Hansel y Gretel, cazadores de brujas, la continuación de un cuento para adultos.




Los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm fueron los creadores de varios de los cuentos de hadas más famosos que se conocen en la actualidad, “La Cenicienta”, “Blancanieves”, “La bella burmiente”o “Pulgarcito” figuran entre su prolífica obra infantil, buena parte de sus historias ha sido adaptada al cine, la mayoría de estas películas dedicadas a niños y niñas, con producciones de casi todo el orbe, siendo las más famosas las realizadas por los estudios Disney desde su fundación; sin embargo, los niños de hoy en día son más reacios a ver este tipo de historias que pueden considerar tontas debido a la propagación de series animadas más agrestes y bizarras, para cerrar este círculo, los papás de estas nuevas generaciones ya no son atraídos de la misma manera por estos cuentos como lo hacían en la infancia, por esta razón, muchos estudios han decidido utilizar esos antiguos argumentos y darles un nuevo giro, o, como en este caso, darles una ampliación producto de la mente irracional de algún escritor hollywodense. Este es el caso del cuento “Hansel y Gretel” de los mismo hermanos alemanes que tanto deleitaron  a los pequeños del siglo XVIII hasta casi entrado el siglo XXI, el director Tommy Wirkola toma el argumento principal (unos niños perdidos en el bosque encuentran una casa construida con dulces que es habitada por una bruja)  para dar seguimiento a la vida de tan simpáticos hermanos, confiriéndoles en su adultez un aspecto desalmado y vulgar, convirtiendo a las entrañables criaturas en cazadores de recompensas que viajan de pueblo en pueblo, como una especie de juglares de la justicia, buscando vaciar las arcas municipales en pos de vencer al mal que se encarna en los bosques aledaños a las pequeñas villas que sufren el acoso de temibles brujas que ni la mismísima inquisición puede contener.
La historia inicia en una pequeña casa habitada por una pareja y sus dos hijos, un niño y una niña, los cuales son llevados por su papá a un bosque y dejados ahí a su suerte, los niños, desesperados, comienzan a caminar en medio de la penumbra hasta llegar a una hermosa casa construida por deliciosos dulces y chocolates los cuales comienzan a comer hasta entrar y sorprender a una bruja preparando una poción, esta al percatarse de la intromisión de los niños los encierra, pero no cuenta con la astucia de los pequeños que después de algunas maniobras logran librarse de su cautiverio para enfrentar y derrotar a la malvada mujer; hasta aquí la historia se apega a la original, pero esto en la película solo sirve para crear la secuencia inicial, seguida de una de créditos donde, a través de pergaminos y animaciones vemos las nuevas andanzas de la infantil pareja de hermanos, así como su crecimiento, ese desafortunado encuentro con la bruja trajo consigo el descubrimiento de su oficio, de donde se harían ricos: cazando brujas. Wirkola nos presenta a los hermanos ya en una edad adulta, una Gettel interpretada por la guapa Gemma Arterton con ceñidos pantalones de cuero, como si de una especie de cantante de rock se tratara, y a un Hansel interpretado por Jeremmy Renner con cara de pocos amigos y poderosas armas dispuestas a amenizar cualquier caza y que el mismísimo Heriberto Lazcano hubiera deseado tener; la historia adulta de estos personajes inicia con la desaparición masiva de niños de un pequeño pueblo al que llegan los hermanos a solicitud explicita del alcalde, dada la ineficacia del sheriff interpretado por Peter Stormare, después de un breve discurso los hermanos se comprometen a regresar sanos y salvos a todos los pequeños secuestrados, no sin antes cobrar sus jugosos honorarios, para lograr su cometido, los hermanos se valen de sofisticadas armas que no sabemos de donde surgieron, al parecer ellos mismos las ingeniaron ya que ninguna autoridad se puede dignar en traer tremendo arsenal, ni antes ni ahora, estas consisten en ametralladoras de alto calibre, bazookas, granadas, artefactos que proporcionan descargas eléctricas, vallestas, entre otros artículos dispuestos a destruir a cualquier bruja que se traviese en su camino; conforme transcurre la trama nos vamos enterando del por qué de las extrañas abducciones de infantes, las brujas los necesitan para realizar un sabbath en el que harán el conjuro más poderoso de todos y que prácticamente las hará invencibles, este se llevará a cabo en presencia de una de las brujas más poderosas de nombre Muriel, interpretada por Framke Janssen, quien convoca a todas las brujas para formar parte de este festejo, pero para esto debe tener 12 niños y solo tiene 11 por lo que la batalla por el doceavo será férrea y aguerrida con los hermanos cazadores, no sin antes conocer el lado amable de las brujas con las denominadas brujas de magia blanca, y con esto también se nos presenta una increíble revelación a los temerarios cazadores.
La trama de la película es un churro, un “debraye” imaginario que Wirkola creo de la etapa adulta de los afamados niños, sin embargo, aún cuando la película sea una mafufada, la esencia se cumple: entretener, es obligado decir que no se va a ver una buena película, más una que haga pasar un buen rato, en la mayoría de sus aspectos, tanto visual, como auditivo, relegando un poco el narrativo pero esto debido al carácter del film; la parte visual esta bien lograda, los efectos son muy buenos, las caracterizaciones de las brujas resultan aterradoras, su aspecto es atemorizante y la conjunción de podredumbre y suciedad en su entorno ayuda a reforzar esta idea, tal vez las secuaces de Muriel pudieron quedar mejor pero tal vez esto podría restar fuerza a la bruja mayor; la película se vale de lo que hoy parece estar en el diario de la industria fílmica del vecino país del norte, los efectos especiales y la intromisión de la computadora para manipular, embellecer o alterar a personajes y entornos, si bien el uso de estos instrumentos es constante, no se sienten tan intromisivos como en otros films, su función sirve más para realzar los poderes de las malvadas así como para crear a su gigantesco ayudante, un troll  computarizado de nombre Edward, posiblemente este personaje es el que se siente más lejano a la historia, pero sobre todo, es el que siente más implantado, aún no llega el día en que los gigantescos y costosos ordenadores hollywodenses puedan crear un personaje computarizado que pueda gesticular sin que este se sienta acartonado, pero bueno, tal vez el carácter fantástico de este sirva para que sus movimientos no sean lo naturales que debieran ser; por su parte la música cumple con su cometido, participa tímidamente en el desarrollo del film sin protagonizar en ningún momento alguna secuencia, salvo la inicial de créditos donde vemos como Hansel y Gretel se convirtieron en los brutales verdugos de las brujas; el lado actoral también sale bien librado tomando en cuenta que es una obra menor en cuanto a pretensiones dramáticas, se me hizo curioso ver a Renner en este tipo de papel después de haber interpretado de forma excelsa al osado militar norteamericano gustoso y deseoso de desactivar bombas en la película “The hurt locker” de Kathryn Bigelow (2008) siendo nominado al Oscar como mejor actor y ganando por mejor dirección y película, también actuó bajo la dirección de Ben Affleck en “The town”  (2010), y últimamente ha andado dando tumbos entre grandes producciones como “Thor” (2011), “The avengers” (2012), “Misión imposible” (2011) y “El legado Bourne” (2012), por lo que se antojaría verlo en algo con menos presupuesto; el resto del reparto sigue la misma trayectoria presupuestal, Arterton participó en “Furia de titanes” (2010) y “El príncipe de Persia” (2010), Framke Janssen dio vida a Jean Grey en la saga de “X-men” a inicios del año 2000.
 Tommy Wirkola se arriesga a continuar una historia ya muchas veces contada y llevada al cine para el público infantil, sin embargo, su apuesta va dirigida a un público más adulto, una audiencia que oscile entre los 20 y 30 años, más gustosos de la nueva plástica terrorífica de estos tiempos, plagada de efectos generados por computadora, deseosos de ver borbotones de sangre corriendo y chorreando por todos lados, enamorados y seducidos por las dulces miradas y los ceñidos trajes de cuero de sus protagonistas, embelesadas por los desafiantes héroes norteamericanos, un público que no exige mucho de la historia sino de la estética con que esta grabada, espectadores que defienden el 3D a capa y espada, aún cuando su aplicación no tenga ninguna consideración narrativa sino plástica, jóvenes adultos que hubieran deseado tener cuentos infantiles plagados de sangre y sensualidad, cuentos que los Grimm no hubieran podido inventar, pero que se valen de sus historias por su carencia de creatividad.








Abolición de la propiedad, los fallidos experimentos mexicanos.



El cine se ha valido, a lo largo de su historia, de las novelas literarias como base para crear argumentos o para trasladarlas a su versión fílmica en lo que conocemos como adaptaciones, México ha tenido su contribución en este apartado, en este caso toca revisar el trabajo realizado por el director mexicano Jesús Magaña Vázquez (Sobreviviente, 2003; Eros una vez María, 2007) con la adaptación de la novela “Abolición de la propiedad” del celebre escritor mexicano José Agustín, quien aparte de ser uno de los grandes exponentes de la llamada “literatura de la onda” también fungió como director de cine con la película “Ya sé quien eres (te he estado observando)” con la actuación de quien sería uno de sus grandes amores, Angélica María; también participó con otros grandes directores del cine mexicano como Felipe Cazals, a quien apoyó en la creación de los guiones literarios “El apando” (1976) y “El año de la peste” (1979); esta vez, el escritor oriundo de Acapulco inspira con su novela a Magaña para crear una película que podría parecer novedosa en su realización pero que deja muchísimo que desear.
“Abolición de la propiedad” narra la historia de una pareja de jóvenes que se conoce en lo que parece ser la sala de una casa (las cuestiones técnicas de la película, que hacen más confusa la de por si rebuscada adaptación, las mencionaré más adelante), en este espacio, Everio, interpretado por Humberto Busto, y Norma, interpretada por Aislynn Derbez (hija del comediante mexicano Eugenio Derbez), tienen pláticas que van del pasado al futuro, de sus viejas andanzas estudiantiles hasta llegar a lo que podría suceder si permanecen juntos, este ir y venir temporal es acompañado por un metrónomo situado en una mesa a un costado del sofá donde ambos personajes debaten sus banales andanzas por el mundo, este aparato, que se caracteriza por ser un instrumento auxiliar en la enseñanza musical, sirve como una especie de maquina del tiempo ya que, al activarse, pareciera que viajamos hacia el futuro y de vuelta, en una serie de intercalados continuos que solo ayudan a confundir al espectador, ya que, dentro de estos vaivenes llegamos a un momento en el que al parecer la pareja ya esta casada, o por lo menos viven juntos, ya que los apreciamos en una habitación donde hay una cama en la que están por acostarse, no sin antes tener una discusión que forma parte del eje principal de la película; dentro de este discurrir temporal tenemos otro escenario, un lugar más parecido al limbo, un vacío donde ambos personajes continúan sus eternas alegaciones que por más que uno quiere encontrar el sentido no lo hace; junto al metrónomo también encontramos una radio, la cual, al ser encendida por Norma, reproduce conversaciones que ella y Everio van a tener, una especie de aparato revelador, prodigioso cacharro que sirve para alertar a la ingenua chica de lo que podrá suceder en el futuro si sigue con Everio; todo lo trivial de esas grabaciones y las conversaciones que sostienen ambos personajes a lo largo del film da al traste con un argumento que se antoja interesante en el papel pero que el director no supo llevar a la pantalla, ya que contiene errores garrafales para alguien que se sustenta como uno más de los pretensioso representantes del llamado “cine de autor” (al iniciar la película podemos leer la pretensiosa frase “Una película de…” aún cuando su carrera goza de apenas dos trabajos previos).
Ya entrando en la parte técnica de la cinta nos encontramos con que esta grabada en un foro sin mayor decoración que el sillón donde ambos personajes se conocen, el cual tiene una lámpara, una mesa con el metrónomo y la radio, este escenario sirve para hacer juegos un tanto pretensiosos del director que pareciera copiar lo hecho por Lars Von Trier con su obra “Dogville”, aunque la separación entre una y otra sea por demás evidente, estos juegos, consistentes en romper el eje de acción son utilizados de forma justificada en algunos casos, pero tantos cambios hacen que el director también se confunda a la hora de saber qué grabar, estos excesos se hacen evidentes conforme la película avanza sobre todo en la parte dedicada a la habitación, en la que Norma y Everio se disponen a dormir, este espacio es el mismo foro, sólo que esta vez la decoración cambia a una cama, un tocador y un espejo colgante, en este espacio los planos van de la cama al espejo, teniendo en una a los personajes en una posición y en el espejo al revés, esto podría parecer interesante si hubiera la intensión de mostrar otro lado de los personajes o sus conversaciones, si el director hubiera intentado jugar a un “lado oscuro”, pero no, las discusiones, como ya lo mencioné anteriormente, discurren entre lo aburrido y lo cotidiano, por lo que, sus juegos visuales solo sirven para desconcertar al espectador en vez de ayudarlo a entender de que va la obra; otro espacio en el que se desarrolla la película, dentro del mismo set, es ese lugar parecido a un limbo o vacío, donde esas discusiones sin sentido siguen dando vueltas en las cabezas de los, para ese momento, aburridos espectadores, la característica de este escenario es su fondo blanco; y el “lugar” con el que cierra la obra es el mismo set, sólo que ahora llueve de forma torrencial para ambos personajes, caminando para encontrarse sin que esto se de, siguiendo el juego de discusión pero esta vez con un tono más elevado, como dándonos a entender que el tan anhelado final del film esta por llegar; si a estos escenarios le sumamos esos cambios rebuscados de eje, y un juego con el foco, en el que tenemos en un primer plano a Norma en foco mientras habla para después sacarla de foco y ver que en el fondo aparece en foco Everio para continuar con su discusión, el resultado es tan funesto como aburrido; la música tampoco ayuda en nada a la película, las canciones, si bien parecen sacadas del imaginario de José Agustín, no van acorde con la pretensión, aunque no se sepa en realidad cuál es, del director, pareciera que las utilizó más por gusto personal que por verdadera intensión dramática.
El cine mexicano vive una época en donde el talento pareciera demeritarse por ciertas incursiones de directores que se dan aires de grandeza, aún cuando no han forjado una carrera exitosa, o peor aún, cuando no tienen ningún trabajo previo que los haya catapultado por ser una obra excelsa, esto tiene que conllevar a hacer un análisis minucioso de las obras nacionales que se exhiben, y lo ideal sería que esos financiamientos sirvieran para artistas con verdadera vocación, el trabajo actoral también deja bastante que desear, tanto Aislynn como Humberto se ven forzados, carentes de chispa, de química, y en los momentos más álgidos, de odio y desesperación, más bien parecen estar en un casting o ensayo teatral que en un trabajo ya terminado; no quisiera demeritar al cine mexicano por una sola película, en ningún momento esa es mi intención, hay muy buenos realizadores que han hecho cosas muy interesantes, sin embargo, también han salido otros que parecieran estar más enfocados al trabajo telenovelero de las grandes televisoras del país, incluso valiéndose de actores y comediantes que son insignia en cada una de ellas. El cine tiene que ser visto como tal, y no como un experimento azarístico, el cine debe cumplir su cometido de gustar, asustar, hacer llorar o reír, causar polémica, etc., debe rendir homenaje a las obras de los grandes escritores, para eso se debe valer de la cámara, la puesta en escena y la actuación, aún cuando el presupuesto pueda ser modesto, porque un libro nos transporta, el autor nos lleva de la mano por su imaginación, el cine tiene que por lo menos cumplir ese cometido, dejando a un lado las diferencias de lenguaje entre uno y otro medio y sabiendo sacar provecho de lo que cada uno puede aportar, como ese gran legado que José Agustín ha creado en torno a su obra, y que sigue dando para más, este año se espera la adaptación de “Ciudades desiertas” dirigida por Roberto Sneider y protagonizada por Gael García, un libro oscuro que puede dar para mucho sabiéndolo adaptar, ya es hora de se le haga justicia al maestro acapulquense, quisiera ver una gran adaptación que pueda ser catalogada como una “película de la onda”, porque toda su obra y su vida ha sido la onda.
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5 de enero de 2013

Cloud atlas, la oscilación entre lo erróneo y lo confuso.





La filmografía de los hermanos Andy (ahora Lana) y Larry Wachowski tuvo un inicio explosivo e icónico para la industria fílmica con la que se esperaba fuera la trilogía del nuevo milenio: Matrix, su debut en la industria (antes ya habían dirigido en 1996 un film de bajo presupuesto llamado “Bound”) fue bastante interesante con la primera entrega de la saga, sus innovadores efectos especiales y su temática pos moderna, ligada en todos los sentidos a la nueva era computacional que se vivía (y vive), dio justo en el clavo de un sentir juvenil que crecía a razón de la avasallante carga tecnológica que nos agobiaba, inundándonos de productos mundanos pero que hacían mas “fácil y ameno” el diario vivir, su personaje principal Neo, interpretado por un inexpresivo Keanu Reeves, hizo vibrar los teclados de muchos cibernautas, su maestro Morpheus, llevado al cine por Samuel L. Jackson, se convirtió en la bandera hacker de los geeks del milenio que estaba por comenzar, la chica de la película, Trinity, bajo la actuación de Carrie-Anne Moss, hizo suspirar a más de uno después de verla en su ceñido traje de cuero, el agente Smith, interpretado por Hugo Weaving, me hizo recordar a los agentes secretos del gobierno norteamericano; las múltiples influencias (léanse comics, películas, libros, religión) en las que basó su discurso fueron muy bien recibidas e incluso elogiadas por algunos gustosos del género, la trama basada en la rebelión  del hombre contra la maquina resultó muy atractiva, el incipiente y acelerado proceso tecnológico que vivía la humanidad daba cuenta de ello, maximizándolo con el venidero año dos mil, el cuál supuso en aquel 1999 un momento determinante en la era de la computación por la posibilidad de un fallo cibernético al que se le denomino como 2YK; sin embargo, no todo salió como se esperaba, las secuelas (“Matrix reloaded” y “Matrix revolutions”, ambas del año 2003) quedaron a deber teniendo en su tercera y última entrega a la peor, los efectos, si bien no eran malos, no estuvieron a la altura de los mostrado en la primera película dejando insatisfechos a algunos de sus, hasta entonces, fieles seguidores (cabe mencionar que entre la parte 1 y 2 se lanzó a la venta un DVD con una serie de cortos animados con historias paralelas o antecedentes que dieron origen a la Matrix), esto fue motivo suficiente para que, lo que parecía iba ser el nuevo “Star Wars”, se quedara a mitad del camino, con una buena película inicial y sus pobres continuaciones. Después de concluir su saga, los hermanos se tomaron un par de años para sacar su siguiente film, no sin antes capitalizarse sacando un par de juguetes al mercado a través de los videojuegos “The matrix online” y “The matrix: path of Neo”, así como producir una película basada en una de las más importantes novelas gráficas de la década de los 80, “V de venganza”; su siguiente aventura fílmica vendría acompañada de una fuerte campaña mercadológica, apostándole a la reinserción del gastado dueto carnal, la historia basada en el manga “Speed racer” (2005) sería la elegida por la dupla, aunque una vez más los hermanos quedaron a deber con una película que forjó más su discurso en los efectos especiales que en la trama y los personajes; este 2012 regresan con una historia basada esta vez en una novela del inglés David Mitchell titulada “Cloud atlas”, haciendo mancuerna con el director alemán Tom Tykwer, conocido por “Run Lola run” (1998),  “Heaven” (2002) o “Perfume: the story of a murderer” (2006), teniendo en la primera de estas a su más atrevida experiencia con una vertiginosa película llena de realidades paralelas en las que una decisión afecta todo el resultado, algunos podrán argüir que con “El perfume” tuvo su apuesta fílmica más importante, al intentar representar el sentido del olfato en una película, aunque en mi opinión esto no lo consigue, salvo en la secuencia donde nos presenta este sentido a través de un viaje que comienza en la nariz del pequeño Jean-Baptiste Grenouille, pasando por un pantano y un depósito de basura, esta fue la única parte en donde creo que presentó de forma interesante el contenido del fabuloso libro de Patrick Süskind y teniendo en su momento más desafortunado el glorioso final literario.
En “Cloud atlas” el trio se vuelve a arriesgar poniendo al filo de la navaja la continuidad de la trama principal al utilizar 6 historias distintas en diversas eras de la humanidad, todas ellas caracterizadas por tener un personaje principal que tiene un lunar parecido a una estrella fugaz, así como tener un antagonista, interpretado en todos los relatos paralelos por Hugo Weaving, quien al parecer es muy del gusto de los hermanos Wachowski; con este antecedente la película transcurre de forma un poco confusa entre una época y otra, llevándonos desde un viaje en barco de la mano de Adam Ewing y el codicioso doctor Henry Goose que intenta envenenarlo, con un esclavo Moriori de nombre Autua como salvador del primero; pasando por la Europa de 1936 de la mano de Robert Frobisher, un joven homosexual que busca el éxito a través de la música, haciendo el trabajo de copista para Vyvyan Ayrs para aprender de él y lograr, a través de este aprendizaje, componer su obra maestra que culminaría con su suicidio y con la pieza que da origen al título del film; transitando por el San Francisco de los setenta, siguiendo la historia de Luisa Rey, periodista que tiene un encuentro fortuito con Rufus Sixsmith, amante de Frischer en los años treinta, y que guarda consigo un documento que puede poner en jaque las actividades de una despiadada empresa dedicada a los energéticos; continuando este viaje temporal por el recién finalizado año 2012 con la historia de Timothy Cavendish, un editor mediocre de 65 años de edad que ve concretado su sueño de hacerse  rico y famoso después de un arranque violento de Dermott Hoggins, escritor en turno para el que trabaja, sin embargo, esta fama se ve interrumpida por un grupo de matones que amenazan a Cavendish de muerte sino entrega una exorbitante cantidad de dinero por lo que tiene que recurrir a su hermano quien, sin pensarlo, lo envía a un manicomio sin que se entere de nada, por lo que su aventura gira en torno a la huida de ese lugar; la siguiente escala es el futuro año 2144, en una ciudad llamada Neo Seúl, donde confluyen los vicios más grandes del hombre, siempre acompañados de la  voraz e imperecedera sed industrial de los grandes capitales, tomando en este caso su forma en una especie de clones de mujeres humanas quienes tienen una vida servil, dedicadas 100% al trabajo, sin tener contacto con el mundo exterior, siendo sorteada en base a la dedicación y entrega de cada una de ellas la libertad, una de estas réplicas humanas, Sonmi 451, tiene la fortuna de ser liberada por Hae-Joo Chang, un insurrecto oficial miembro de un grupo subversivo que busca quitar la venda de los incrédulos ojos de la población; el recorrido temporal concluye en el año 2321, mencionada en la película como los 106 inviernos después de la caída, una tierra post apocalíptica regidas por tribus, una especie de regreso a los orígenes de la humanidad, donde las comodidades y la tecnología son mera cosa del pasado, en este retrospectivo porvenir cohabitan los humanos y una raza denominada los “prescients”, en esta época tienen su encuentro Zachry y Meronym, el primero de ellos habitante terrenal de ese lugar y la segunda perteneciente a la moribunda, y tecnológicamente avanzada, raza visitante, el primero de ellos sufre las visiones esquizoides de un demonio al que conoce como “Old Georgie” quien, a través de amenazas, busca mantenerlos a raya en cuanto lo que sí y lo que no puede hacer. Las historias pueden parecer interesantes, sin embargo discurren de forma errática y confusa durante toda la película, como un péndulo que se mueve sin sentido por un mundo temporal que parece perderse en las intermitentes y efímeras apariciones que tiene cada historia, no se llega a saber en realidad cuál es el sentido del film, por momentos pareciera inclinarse hacia la fórmula que tanto gusto a los Wachowski cuando construyeron el universo Matrix con su elegido, en este caso parece que los personajes principales tienen un propósito dentro de este multi temporal universo fílmico, aquellos con la marca del cometa son los elegidos parecen decirnos los directores, aunque esto no queda del todo claro, los propósitos de cada personaje se difuminan en la vastedad, no existe un equilibrio entre las historias, unas tienen mayor peso que otras, así como las actuaciones, entre su reparto resaltan Tom Hanks y Halle Berry por su corte estelar quienes también sirven como gancho para legitimar la intención del trio de directores, no existen papeles definidos para actor, uno a otro transita en cada época saltando de un papel a otro, algunos de ellos pasando de roles masculinos a femeninos, como si de un quinteto de personas que se encuentran en la eternidad se tratara, todos con diversos propósitos y papeles, a veces buenos otras malos, una idealización de la reencarnación o la vida eterna, vista esta última de forma terrenal. El lado técnico de la película esta bien logrado, el crédito fotográfico esta dividido entre Frank Griebe y John Toll, quienes cumplen a secas con el trabajo encomendado, sería el colmo que una película de alto presupuesto no contara con una buena parte visual, la música también  aparece segmentada en aportaciones resaltando la incursión del también director de la obra, el alemán Tykwer, juntando su talento con Reinhold Heil y Johnny Klimek, con quienes ya había trabajado en el “Perfume: the story of a murderer” y “The international” (2009), los efectos especiales, que han tenido un papel fundamental en la carrera de los hermanos Wachowski, son utilizados con cautela, teniendo sus despliegues más importantes en las secuencias futuristas en Neo Seúl, así como en ciertos momentos del apocalíptico destino terrestre, la mesura que tuvieron esta vez en su uso pareciera crear un ambiente menos hostil a la vista (la vertiginosa “Speed racer” llega a marear y desconcertar en ciertos momentos) aunque no por esto crea una mejor película.
“Cloud atlas” es de esos libros que se antojan imposibles de filmar, la gran cantidad de historias resultan muy difíciles de resumir aún cuando la película dura casi tres horas, el vaivén temporal llega a cansar, los personajes resultan poco atractivos y justo cuando te estas involucrando con uno surge el cambio de época, la parte chusca queda a cargo del viejo Cavendish, sus momentos hilarantes podría decir que son lo mejor de la cinta, la aparente necedad de los Wachowski de encontrar al elegido da al traste con todo, los ciclos de varias historias no terminan cerrándose, el extraño lunar pareciera ser un mero adorno porque no termina explicándose su razón, a menos que sean una suerte de Jesucristos revolucionarios, nacidos ex profeso y en distintas épocas para traer conciencia y diversión, las flojas actuaciones parecieran traernos papeles que ya vimos, Tom Hasnks en su papel de Zachry me recordó al naufragó de Robert Zemeckis,  a su vez no pude evitar relacionar a Hugo Weaving con el agente Smith de Matrix; la carrera de este trio de directores ha ido de más a menos, la avasallante fama que crearon al inicio de lo que parecían ser prominentes carreras se colapso con la exigencia, las historias no solo van de efectos especiales o aceleradas líneas temporales, las historias van de personajes, de pesares y alegrías, de vacilaciones y convicciones, de fracasos y éxitos, de tragedia y de comedia, ingredientes que bien mezclados pueden crear una bella obra, todo esto requiere madurez y vocación artística, cuestión que el trío deja a un lado para brindarnos una historia compleja y confusa, como si de girar un globo terráqueo y detenerlo con un dedo para ver en que país se detiene se tratara, como abrir un mapamundi y salpicarlo con pintura para que el destino se encargue de tapar con gotas de esta algunas ciudades del orbe, como hojear un atlas no con mapas terrenales sino temporales y arrancar algunas hojas al azar, únicamente para descubrir una película destinada a fracasar.