Dreamland

Espacio donde gracias a la todapoderosa web me da la oportunidad y posibilidad de compartir con todos aquellos que lleguen a caer en este blog por azares del destino, escritos, fotos, videos y algunas otras cosas que he realizado sólo o en conjunto con otros cuates. Espero que les guste. Saludos

Hasta que la vida nos separe...

Hasta que la vida nos separe...
Todos los días son día de muertos

21 de marzo de 2016

La habitación; la alentadora relación entre madre e hijo.





La evolución (o involución) del mundo ha ido de la mano de muestras grotescas y atroces de lo que el ser humano es capaz de hacer: guerras, miseria, codicia, dinero, armas, y un larguísimo etcétera llenan la lista de barbaridades, lo peor es que la mayoría de estas perversiones están elaboradas o planeadas por una sola persona, y en algunos casos, subsecuentadas por un grupo de feligreses que apoyan al líder en turno; sin embargo, hay otras que sólo requieren el envalentonamiento de un individuo para cambiar la vida de una persona, de una familia, de una comunidad, e incluso llegar a cimbrar las bases mismas de una nación entera; tal es el caso de esta cinta del irlandés Lenny Abrahamson, “La habitación” (Room, 2015), que nos trae la desgarradora historia de Ma, interpretada magistralmente por Brie Larson, quien con este papel se llevó el máximo premio que otorga la academia norteamericana, el Oscar como mejor actriz; y su hijo Jack, con la también notoria actuación del pequeño Jacob Tremblay. La historia nos sitúa 7 años después del secuestro de Ma a manos de Old Nick, interpretado por Sean Bridgers, y gira en torno a la relación entre madre e hijo, ambos encerrados (encapsulados) en un pequeño cobertizo, en donde el tiempo no tiene ningún sentido, y el único motivo para que Ma siga en pie es el enorme amor que tiene por Jack; educándolo, jugando con él, regañándolo, besándolo, amándolo, compartiendo día a día el encierro y la claustrofobia, mientras el pequeño no tiene idea alguna de lo que existe afuera de esa pequeña habitación, creyendo que el mundo se compone únicamente por lo que tiene a su alcance: sillas, inodoro, mesa, cocina, horno, etc., así como por el amor de su madre, por lo que su imaginación le permite crear; estos momentos de la cinta son los que nos demuestran que un niño es capaz de crear universos tan fantásticos con tan sólo pensarlos, dibujarlos, jugarlos, logrando con su increíble inocencia y amor que su madre no caiga en pánico, que no sucumba, que tenga la fortaleza necesaria para que ambos salgan adelante, hasta que su ella, harta de la situación, planea el escape del pequeñito de la habitación que los mantiene cautivos, y es después de esto que la historia de Jack comienza a tener un nuevo sentido cuando conoce el exterior, el mundo, la grandeza, la abrumadora y desconcertante luz del sol y el calor que emana de él, la gente, y todo lo que creía era una gran puesta en escena en la televisión.
La cinta es desgarradora de inicio a fin, lejos de mostrar los hermosos rostros que rodean la mayoría de las cintas norteamericanas, Abrahamson nos muestra el cansancio, la suciedad, la desesperanza, el dolor, en la cara de Ma, y por el otro lado nos muestra la ternura, la imaginación, la diversión, la inocencia, en el rostro de Jack, los espacios se vuelven minúsculos, las entrañas de la habitación se corroen, se pudren, como la vida de Ma en su interior, aún cuando quiere ser fuerte sucumbe al miedo, al encierro, a la indefensión, a lo inesperado; la fotografía de Danny Cohen cumple a la perfección con estas sensaciones, que nos llegan como atroces planos fuera de foco, de gran tamaño que oscilan entre la podredumbre y la desolación, cuan diferente se sienten los planos exteriores, llenos de luz, mostrando la grandeza perdida, la esperanza que brinda la luz del sol, los grandes espacios, comenzando por la enorme habitación de un hospital y sus gigantescos ventanales que dejan pasar una enorme cantidad de luz proveniente del exterior; la sensación de extrañeza de Jack la refleja también con el foco de la cámara y el deslumbramiento, por la acogedora y protectora sensación de estar cerca del lecho maternal, por los primeros planos del niño en brazos de Ma, el trabajo de Cohen es excepcional y transmite a la perfección la postura narrativa de Abrahamson, creando el tipo de atmosfera adecuado para situación. La misma calidad e intensidad las tenemos en las actuaciones, Brie Larson y Jacob Tremblay se adaptan a la perfección, desde el primer momento hasta el último se siente el vínculo estrecho que sólo una madre e hijo pueden crear, ambos se mimetizan para crear una película lacrimógena, devastadora, arrolladora y entrañable, con sus momentos felices y amargos, como son todas las relaciones humanas, sin dejar a un lado el perdón y el olvido, y la redención que sólo puede alcanzar una madre y un hijo. La música, compuesta por Stephen Rennicks, cumple su cometido y coadyuva a crear esa atmosfera de la que he hablado, creando sensaciones de la mano de la imagen, llevando de la mano al espectador entre el llanto y la felicidad, la conmoción y la admiración, la desesperanza y el amor, haciendo que el film en su conjunto sea una pieza única y con un mensaje devastador pero alentador.
Este tipo de cintas, que recuerdan a muchas otras que se han filmado a lo largo y ancho del orbe (como la mexicana “El castillo de la pureza” que filmó Arturo Ripstein en 1973), muestran uno de los lados más denigrantes y perversos del ser humano, ese lado que da miedo y pavor, que pareciera acechar a la vuelta de la esquina, que se vuelve difícil de entender y explicar, en que momento un hombre toma la decisión de tomar captiva a una chica y encerrarla por años, sin motivos o razones aparentes, que no son producto de la ficción cinematográfica, estos hombres existen, y viven o han vivido a lo largo y ancho del orbe, no son producto de países sub desarrollados, son producto de la sociedad, de las familias desintegradas, de los padres despreocupados por sus hijos, de la falta de valores y orientación, de la desidia y de muchos factores que han desensibilizado al hombre y lo han vuelto una maquina de posesiones, creador y derrochador de dinero, despreocupado por el prójimo y angustiado por el “qué dirán”, “cómo me verán”, llevando a los individuos a competir, consiguiendo que algunos se aparten del “buen camino del trabajo y dinero” y sucumban ante estos poderes, creando bestias capaces de hacer cualquier cosa con tal de llenar vacíos existenciales creados por una sociedad narcisista. Lo alentador, y es el mensaje de la película, es que ante todos estos escenarios desalentadores, el amor verdadero puede existir, la esperanza fluye, como el milagro de la creación en nueve meses en el vientre materno, cosas que deslumbran a más de uno, que motivan a dar todo por una personita que se gesta lentamente, que aún no tiene idea a lo que se va a enfrentar, pero que, a través de la madre, comienza a conocer, una minúscula parte de ese mundo al que se va a enfrentar, creando una relación única, porque la madre lo porta, la madre lo alimenta, la madre lo lleva dentro y esa sensación seguirá, y sólo basta una mirada, un beso, un abrazo, una lagrima para saber el enorme amor que una madre tiene por un hijo, y todo lo que está dispuesta a sacrificar por él.





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